Día 130: Me estalla la cabeza

aaatatde

Hoy me he despertado con un dolor de cabeza tan fuerte que me ha hecho olvidar mi hambre perpétuo.
Desayuno: cero
Paseo: hasta playa sillón
Comida: un trozo de coco ( lo aborrezco…) y de postre he masticado una hoja de boldo.
Resultado: he eruptado varias veces.
Estado actual: dolor de cabeza = cero

Anne

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2 comentarios en “Día 130: Me estalla la cabeza

  1. Mi viaje en el tiempo está libre de pesadumbres. Mi equipaje rebosa de recuerdos del futuro que me administro serenamente para poder centrarme en los paisajes que enseñas de Cabo Leeuwin y de ti, Anne.

    Aún así, a pesar de saber que tu dolencia pasó, no puedo dejar de pensar en las que aún están por llegar, que me entristecen…

    … ¡¡Más futuro, voto a bríos!!

    Salud y salud, Anne

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  2. “No hay viento favorable para el barco que no sabe adónde va”

    Y no es que quiera uno contradecir a Séneca, pero años navegando, me llevan a discrepar rotundamente.

    “Cualquier viento es favorable para el barco que navega sin rumbo”

    Y navegando sin rumbo, vuelvo a pasar junto a tu isla.

    Hacía mucho tiempo que el viento no me traía hasta aquí, y aún sabiendo que la isla está desierta, nuevamente fondeo en playa norte, frente al Fauteuil Leeuwin, echo pie a tierra y paseo recordando tu cautiverio.

    Unas piedras negras sobre la arena, colocadas no de forma fortuita, me producen un escalofrío. Alguien ha estado aquí. Busco por los alrededores. No hay huellas recientes. Una gran alegría me invade, su disposición en forma de calendario me dice que eres tú quien las ha colocado, estás viva… rebusco intentado encontrarte… pero no… no hay huellas recientes.

    Poco a poco mi alegría decae, se que estás aquí, pero… Tiempo atrás pensé que habías abandonado tu isla… tu cautiverio… y me alegré por ti. Ahora vuelvo a zarpar con la tristeza de saber que tu cautiverio sigue.

    ¿Qué es de tu vida en estos largos silencios?

    Quiero imaginar que en tus silencios abandonas Cabo Leeuwin, y solo vuelves buscando el refugio donde recomponerte. Como yo cuando zarpo con mi velero buscando la soledad, o quizá solo la agradable compañía de mi barco, el viento y el mar.

    Vuelvo a dejarte este mensaje en una botella, no sea que se estropee si tu ausencia es muy prolongada, pero como en aquella otra ocasión, no lo trajo la corriente, fui yo personalmente quien lo dejó aquí, en playa norte, sobre tu Fauteuil Leeuwin.

    Río Cinca

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