Día 303: Excursiones acuáticas

Después de la tempestad suele venir la calma, pero solo a veces, ya que hay tormentas que no son sino el comienzo de una nueva tormenta.

Por esta razón, antes de que el frío se apodere de las aguas que rodean a Cabo Leeuwin, me he puesto el mundo por montera y sin la ayuda de Marcos (el calderón) me he lanzado al agua y ESTOY NADANDO.

Si, así es, por primera vez desde hace siglos he puesto a prueba mi resistencia, nadando a contracorriente para salir de Playa Sillón y mi capacidad de planeo acuático para dejarme arrastrar por la corriente hasta Isla Vecinos.

Con la tercera ola mi sempiterno sombrero ha salido volando, por lo que el sol ha hecho de mi cara un verdadero Pollock pintado con melanina.

La aventura es la aventura.

Anne

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4 comentarios en “Día 303: Excursiones acuáticas

  1. ¡Dios, qué añoranza!

    Por el agua salada en contacto con la piel, por tener la oportunidad de que ocurra, por la ingravidez y el abandonarse, soñando con cualquier isla o ninguna, imaginando el valor para dejarse llevar un instante más, y otro, hasta flotar bajo las estrellas, hacia ellas, que rozan el horizonte.

    Qué añoranza… y qué desasosiego. Desasosiego al pensar que no habrá más ocasiones, que ya no llegará nunca más la sensación de volver a ser un pez, una medusa… de volver a ser agua entre agua…

    Pero no, no es verdad, volveré a sumergirme en el azul, no hoy ni mañana, pero volveré a envolverme en la mar.

    Salud, suerte y mar, Anne

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