Día 312: Renacer con el sol

Sol de invierno en bosque_Cabo Leeuwin

HOY me he despertado con la sospecha cierta de que un cielo+sol me estaba esperando más allá de las paredes de la cueva.

Y no es que la oscuridad que habita mi cabaña de invierno me diera alguna pista, porque allí donde duermo reina la más absoluta falta de luz, sino porque al levantarme y separar mi cuerpo de las piedras calientes que hacen de cama, he notado una brisa que parecía nacer del fuego en lugar del hielo.

He corrido descalza hasta la entrada, primero guiándome por la memoria y después por la luz, y de repente lo he visto…SOL…sol invadiendo el bosque central de Cabo Leeuwin. Un sol extraño, descolocado.

De repente he pensado que el tiempo había pasado, que el invierno había dejado su cetro a la primavera. He creído que yo, presa quizás de un encantamiento, había dormido los 3 meses que me separaban de la primavera.

Anne

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17 comentarios en “Día 312: Renacer con el sol

  1. Van Rap:

    Si en mi paraíso el invierno no se ha dado por aludido, imagino que en el tuyo, el de tierra firme, debe estar pasando algo parecido.

    Van Rap sin el GdC, Van Rap en bicicleta. Cambiar el mar por tierra viene bien.

    Un abrazo grandote y Feliz 2016,

    Anne

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  2. Icástico,

    Vaya, me he quedado casi sin palabras….

    Has dado un gran paseo por mi diario en Cabo Leeuwin y siento como si un libro (llamado Cabo Leeuwin) viajando dentro de una botella, hubiera llegado a las costas gallegas y tu la hubieras recogido de una playa en modo “inverno”.

    Gracias por tu visita intensiva, por tus palabras y por quedarte para saber que le deparará el paso del tiempo a Cabo Leeuwin.

    🙂

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  3. Bueno, Anne, me siento obligado a pedir disculpas por no haber comentado nada hasta ahora, y no por falta de ganas, es que me zambullí en el descubrimiento y devoraba con ansiedad el diario, sin parar, leyendo por encima los comentarios. Descubrí tu paraíso hace un año, más o menos, y me puse al día en un par de tardes, pensé que había marcado “seguir” y no fue así. Como no llegaban post creí que eran unas vacaciones largas que te habías tomado (como ya has hecho en otras ocasiones) y de pronto vuelvo a dar contigo…¡estabas viva! No me quedó más remedio que darme otro “atracón” (saludable) para actualizarme (y hacerme devoto seguidor).

    Vivo en un lugar de esos que no te gustarían, sospecho (“cielos grises y muertos y tristes hasta decir basta”, y más en estos días que están resultando tal cual durante dos semanas continuas hasta provocar inundaciones), en Galicia, concretamente, y estoy encantado y feliz con mi también paraíso. No obstante, como me gusta practicar la abstracción y darle trabajo a la imaginación, me he ubicado en “tu” isla y he intentado ser también empático con el resultado de disfrutar mucho con mi actitud y lo que has ido contando.

    Me gusta cómo lo haces y me río en ocasiones (“una pantera de 64 kilos”, qué ojo, nada de números redondos, como si hubiese llegado una báscula entre los múltiples objetos que te ha ido entregando el mar) La envidiable invitación al solsticio (de buena gana hubiese ido corporeamente y no solo de pensamiento), los cambios de tiempo (odias calor con humedad y la lluvia), las citas literarias, el recuerdo de odiseas como la de Shackleton. Dices que le falta casi todo a tu isla pero cuando ha pasado un barco por delante no has tenido dudas, has preferido quedarte. Realmente ya no le falta casi nada a pesar de que no tienes suerte con el surtido que vas hallando, recuerdo de una civilización que pareces no echar de menos (hasta un 4 X 4), cuando todo pase tienes ahí un fantástico oulet (las mosquiteras vienen muy bien pero… cientos, pena de trueque)

    Haces un canto a la amistad con la metáfora de los cerditos (los amigos no se comen, tampoco las amanitas que grotescamente te pone delante la realidad como para burlarse de ti) a pesar de la suculenta apariencia y el hambre crónica que arrastras (sueñas con cientos de manjares sin faltar los postres). Realmente es el hambre lo único que sobra, ya podía llegar nadando un master chef de esos arrastrando otro contenedor pero de comida. ¡Si incluso tienes un SPA! (cuevas calefactadas)

    ¡Y qué decir de la pandilla Noé! Estás tan acostumbrada a la compañía animal que desafías a los tiburones en tus travesías a nado hasta la Isla Vecina, yo no metería en el agua ni el dedo gordo, les tengo pánico. También has padecido fiebres, alucinaciones, fracturas de dedos, etc. Para acabar, estás tan integrada que te das al arte rupestre como si toda tu vida hubiese sido paleolítica. Vamos, una superviviente nata a la que no le faltan apoyos exteriores infatigables y tan bien representado por Van Rap, dispuestos a enviarte comida y ánimo a través de temporales y corrientes caprichosas. Y como me gusta creérmelo todo (cuando se cuenta bien), continuaré, esperando comentar de vez en cuando. Gracias por convertirme en náufrago imaginario…y perdona mi incómodo silencio.

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  4. Anne:

    Hoy he salido de la penumbra de la habitación y me he asomado al balcón que da a un parque donde los chopos dejaban a la brisa mecer sus ramas desnudas, mientras el sol trepaba por las fachadas que dan al levante, todavía oculto por ellas. Quería saber cuánta ropa debía ponerme para salir con la bici, y he descubierto que podía dejar la mitad en casa.

    He circulado por caminos tapizados de hojas ocres y quebradizas mientras notaba el sol en los brazos, las piernas y la cara, y he tenido la sensación de haber viajado al pasado reciente, el del otoño tibio.

    Tu viajabas al futuro; yo, al pasado. Semejanzas en mundos alejados pero tangentes.

    Salud y suerte, bella durmiente.

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  5. Jesús López

    No es por hacer publicidad, pero la acabo de poner de encabezado en mi blog. Hay dos fotos, una de una moleskine y otra de una agenda de cuero roja. Esa es la que adquiri.

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  6. Jesús López

    Me encanta ese juego de colores con encantamiento.

    Hoy, me levanté pronto, raro en mi porque suelo hacerlo a las cinco de la tarde, no es que duerma mucho al contrario me desvelo muy pronto, pero es mi cerebro el que me convence que me levante hasta la hora de trabajar.

    Me levanté porque estaba de ánimos. No hay sol en Galicia, llueve todo el día, y esta semana los reyes nos han regalado lluvia gruesa y molesta para aquellos que no están acostumbrados, sin embargo yo y mi café anduvimos sin paraguas hasta una tienda donde me esperaba mi nueva adquisición: una libreta cubierta de cuero hecha a mano con un diseño que me ha recordado que las cosas con amor son muchísimo mejor que las de marca.

    Un abrazo virtual, Anne y compañía.

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