Día 417: Tesoro de porcelana

Esta figura apareció un día en las playas de Cabo Leeuwin envuelta en un nido de algas.

Desde entonces no me separo nunca de ella.

Anne

Día 415: ¿Y qué ropa me pongo?

libro-antiguo-vestuario-femenino

No es que mis opciones de salir de esta isla se hayan visto aumentadas, pero estos días en los que las horas de luz crecen y crecen como si fueran habichuelas mágicas, he empezado a imaginar cómo podría ser una hipotética vida fuera.

Lo primero que he pensado…¿qué ropa se llevará ahora? ¿podré pasear por la cubierta del barco que me libere, con mi vestido de vela de mesana?

Con estos pensamientos en la cabeza he recurrido a lo que podría llamarse la biblioteca de Cabo Leeuwin, ese lugar en el que guardo los tesoros de papel que descubrí escondidos en la vieja cabaña. Et voilà…la solución estaba allí…una imagen que muestra claramente como deben vestirse las mujeres.

El libro no es actual, pero no creo que la moda haya cambiado tanto.

Anne

Día 414: Mi yo cefalópodo

Solo cuando llueve y el tejado de mi cabaña se escurre en una lucha inútil contra la impermeabilidad, vuelvo a sentir que mi condición ideal no es la humana.

Lucho y me revuelvo en mi suelo anegado, grito y poco a poco mi voz se apaga mientras expulso tinta negra por la boca.

Siento como la fiebre me aleja, a la vez que mi cuerpo se convierte en un tubo y mi pelo en tentáculos.

Y de repente cuando el agua me cubre por completo, dejo de ser ella y me convierto en mi yo acuático, el que habita las profundidades de un mar que la mayor parte del tiempo, muy a mi pesar, me es ajeno….​

Anne

Día 412: Y por fin puedo pescar

pesca-asegurada

Hace días que el hambre me apretaba las entrañas, y eso hacía que me mantuviera alejada de cualquier actividad que no me reportara alimento. Cuando estás hambriento el mundo se hace muy pequeño y todo tu cuerpo se convierte en una maquinaria perfecta llamada supervivencia.

Hoy por fin he conseguido pescar, he comido sin hacerle ascos al pescado y ahora mis neuronas parecen funcionar de una forma menos animal.

Ya soy más yo. Ya puedo pensar en otras cosas menos alimenticias.

Anne

Día 411: Munición en forma de libro

No me da miedo el frío, ni el viento, ni la niebla. Siempre que tenga munición en forma de libro, mi supervivencia en Cabo Leeuwin estará asegurada.

No soy exigente con el idioma.Si puedo elegir prefiero ficción. Me gustan los dramas y me aburren las historias que acaban bien. La poesía y yo no hacemos buenas migas. Salvo contadas excepciones me aburre tanto como el ajedrez. Más todavía. 

 Cuando los hongos bibliófagos se hayan comido todos mis libros, tendré que escribirlos yo misma. Munición propia. Munición hecha a medida.

Anne

Día 410: Preparados para volar

my-new-dron_cabo-leeuwin

¿Quién dijo que del dicho al hecho hay un gran trecho?

A veces del dicho al hecho solo hay un pequeño suspiro, un F.J., un centímetro escaso, un visto y no visto, un además de volar lleva cámara y puedes grabar desde el aire.

Tengo ganas de poner mis ojos en el cielo. Quiero ver mi paraíso desde el aire y buscar cardúmenes cerca de la orilla para asegurarme una buena pesca. Quiero viajar sin mover los pies…volar sin alas…volar sin alejarme del suelo.

Podré vigilar a la Pandilla Noé, y quedarme tranquila cuando alguno de ellos lleve días sin aparecer por la cabaña.

Podré espiar a los barcos que pasen cerca de Cabo Leeuwin, y grabar a sus tripulantes sin poner en riesgo la ubicación de mi paraíso.

Un mundo entero de posibilidades se abren ante mí, de las dificultades ya me ocuparé más tarde.

Anne

 

Día 408: Y la rueda comienza de nuevo a girar

brujula-leeuwin-diario-de-un-naufrago

Parece que fue ayer cuando desembarqué en Cabo Leeuwin y sin embargo ya han transcurrido siete años. Siete años con sus tormentas y sus soles y sus regalos de marea.

De todas formas no sé en que momento dejé de ser consciente del paso del tiempo, porque la falta de espejos, relojes, fotografías y, sobre todo la imperiosa necesidad de encontrar comida, hacen que el control de eso que llamamos tiempo deje de tener un sentido claro.

Mi verdadero eje de rotación se llama luz de sol. Si hay luz estoy despierta recorriendo el perímetro de la isla, una y otra vez, buscando regalos de marea llegados de ultramar. A veces cuando consigo llenar mi estómago me quedo dormida y el sol me crucifica la piel. Cuando tengo hambre me cuesta dormir, pero al final siempre entro en un duermevela placentero.

Hoy empiezo a marcar los días en un nuevo árbol llamado Septemdecim.

Anne