Día 337: Criaturas marinas mutantes

Especies desnocidas flotan en Cabo Leeuwin

Hay sucesos que se repiten cada año como si se tratara de un eco-365, como una merienda de cebolla o un déjà vu sempiterno.

Una extraña plaga de habitantes marinos ha llegado a las aguas de Cabo Leeuwin, una legión acuática de especímenes propios de las aguas infestadas de humanos.

Se trata de seres plásticos que se mueven en el mar como si éste fuera su elemento, como si el agua salada estuviera hecha de viento. Son transparentes, son translúcidos, a veces son blancos y se mueven como medusas planas.

Mi mar ya no parece el mismo cuando recibe estas mareas de allende los mares, y yo prefiero no pescar ni siquiera meterme en sus aguas hasta que todo pase y todo vuelva a la normalidad.

Anne

Día 260: Al agua patos

Cuando nadas ... ésto es lo que ves.
Cuando nadas … ésto es lo que ves.

Hu-yen-do del sol que me tiñe la cara como si de un colorante defectuoso se tratara, intento nadar cuando está nublado, cuando tengo hambre y comer pescado es mi única opción, cuando el calor es sofocante o los mosquitos han hecho de mi una superficie lunar llena de cráteres invertidos.

Pero HOY ni una cosa ni la otra. Hoy me he levantado con ganas de NADAR.

Para salir de la zona de costa lo he hecho con mi inconfundible estilo personal de espalda, y digo inconfundible porque el resto de la Pandilla Noé ha decidido acompañarme, y entro todos…mi estilo era el más ….el más normal 🙂

A la vuelta estaba tan cansada que Ganesha ha hecho de corcel maríno para mí.

Anne

Día 251: Lluvia acercándose a Cabo Leeuwin

LLuvia llegando a Cabo Leeuwin (2)

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Me gustan las promesas de cambio que se descubren en el cielo

porque son como un libro abierto.

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No hay posibilidad de duda, no la hay en absoluto, y es que cuando vives en una isla como ésta y conviertes sus orillas en los limites de tu Universo, la observación del CIELO es tu biblia apócrifa.

Por eso hoy mi biblia me anuncia la llegada de la lluvia, ese milagro que me dará una tregua, que aplacará el calor, que regará mi huerto y pondrá a prueba la resistencia de mi nuevo aislamiento para el techo de la cabaña de iniverno.

Tengo verdadera necesidad de observar un cielo gris y apagado, estoy saturada de soles amarillos, de días resplandecientes, del exceso de luz que borra el color y lo viste todo de blanco.

Quiero que el agua me caiga desde cielo sin necesidad de soñarla debajo de mi nueva/antigua ducha. Agua fría y agua dulce, agua sin control, vertical y reparadora.

Prometo no esconderme para protegerme de ella, prometo sentarme en mi sillón de madera en Playa Norte y dejar que me envuelva. Qué me moje el pelo y empape mi vestido “vela de mesana”.

Ya se levanta el viento.

Cierro los ojos y espero…..

Anne

Día 248: Creando lluvia

Imagen073

Nunca hubiera tenido una ducha como esta si alguien no la hubiera construido para mí años atrás, cuando ni siquiera yo sabía que iba a terminar en un lugar como Cabo Leeuwin, cuando el que la construyó tampoco sabía que iba a vivir sus últimos días dentro de un tronco.

Pero finalmente la máquina para fabricar lluvia está aqui, y entrar en ella es como vivir dentro de una tormenta de agua cálida que te envuelve y te aisla y te purifica y te devuelve a un vientre materno en el que todo era paz y humo.

Yo Anne.

Yo agua.

Amén.

Día 243: Ganesha y sus baños de mar

ganesha nadando en Cabo Leeuwin

Mi elefante Ganesha es en si todo un espectáculo, y no solo porque es divertido, alegre y siempre está arrastrando al resto de la pandilla Noé a hacer las mil y una travesuras, sino porque cree que es un pez.

—Ganesha, sal del agua— repito cincuenta veces cada día. Y el señor duro que es tarde, que no sale, que se queda chapoteando en la orilla o haciendo apnea persiguiendo las olas en retroceso.

El resto de los animales de Cabo Leeuwin le miran desde la orilla, mientras no consiguen animarse para aprender a nadar. Tan solo los dos cerdos que llegaron nadando de Isla Vecinos son capaces de acompañarlo en su incursiones marinas.

Yo al parecer tampoco estoy haciendo del mar mi elemento y es que tengo tanto miedo al sol, que no sabría como sujetarme el sombrero y nadar y esquivar la trompa de Ganesha y sus chorros de agua salada.

Anne

Día 225: Mi futura máquina de escribir

maquina escribir cabo leeuwin

Hoy ha hecho calor, pero no un calor cualquiera, ni un calor flojito, ha sido un CALOR con mayúsculas, de esos que te arrastran hacia el líquido elemento por encima de cualquier obstáculo.

El agua estaba helada, fría como la pata de un unicornio y por si esta razón no fuera más que suficiente para mantenerme en la orilla, una legión de carabelas portuguesas se habían apoderado de playa sillón. Así que ahí estaba yo, asfixiada, muerta de hambre ( si, lo sé, ésto no es noticia) y a punto de sufrir un síncope por mi natural intolerancia al calor.

Ya a punto de rendirme y ante la mirada atónita de todos los miembros de la Pandilla Noé que esperaban mi bautizo para seguirme en procesión, Ganesha se ha adelantado al resto y con su trompa ha empujado a las medusas como si de un aspersor tubular se tratara.

Mi primer baño del 2015 ha sido una epifanía a 17 grados centígrados, acompañada de una rotura del digitus tertius pedis (tercer dedo del pie) al engancharse con algo que estaba semi enterrado en la arena…..

Una máquina de escribir que he bautizado como Leeuwin 225.

Anne

Día 217: El calor llama a la puerta

agua leeuwin

Llega el calor….llega el calor….l-l-e-g-a-a-a

Está aquí….lo sé, lo noto, lo siento en la piel…

…y no solo inunda el aire que respiro, sino que poco a poco se ha ido apoderando del agua que rodea mi isla, haciendo que el liquido elemento me invite a compartir su volumen desafiando al mismísimo Arquímedes.

El calor en las aguas traerá más pesca, y más pescado para comer, y si el pescado me apeteciera sería un placer, pero no lo es, no es un placer, en absoluto deseo seguir comiendo pescado, pero al menos podré bañarme sin lanzar improperios cada vez que meto un pie, o los dos, y no hablemos de si me toca meter la tripa flacucha, o los hombros que de puro rojo parecen los buches de una fragata real.

Qué llegue el calor, pero que sea flojito ¡¡¡

Anne