Día 320: Mi árbol medicina

Dolor cabeza Leeuwin

Hoy tengo un dolor de cabeza tan grande como el mayor de los dolores de cabeza que se pueden tener en un día como éste. Un dolor mayúsculo. Monumental.

Quizás en otro lugar (tan alejado de la mano de Dios) esto podría ser un problema, pero en Cabo Leeuwin la naturaleza ha puesto a mi disposición un árbol, mi árbol medicina. Un regalo de la evolución, un tesoro verde tan poderoso como las sustancias que lo habitan. Se llama Yahualicaspi y mide casi cuatro metros.

Supe de su existencia gracias al libro que encontré cuidadosamente enterrado en la cabaña de verano. Allí se indicaba su posición en la isla y como debía ser utilizado para calmar todo tipo de dolores. Yo lo uso para el dolor de cabeza (del que más sufro…por hambre), también cuando me duelen los dientes en su lucha contra el escorbuto, o cuando he pasado frío y la garganta me recuerda que está ahí cuando tengo que tragar ( más saliva que comida, claro).

La Pandilla Noé sabe que es un lugar sagrado y que ellos nunca deben masticar sus hojas. Tan solo cuando algo les duele suelen empujarme hasta el árbol, y yo me encargo de hacer el brebaje siguiendo las instrucciones del antiguo habitante de la isla.

Mi Yahualicaspi-Leeuwin es un regalo de los Dioses. Sé que quizás no debería estar aquí, (no le corresponde por su ubicación espacial), pero como dice Van Rap, a veces esta isla parece no estar unida a tierra…

Anne

Día 17: Mi árbol de Noni

El árbol de Noni

Hoy estaba perezosa, cansada y harta de comer pescado. No tenía ganas de moverme ni de ponerme las botas que han empezado a hacerme rozaduras en los pies.

Entre siesta y siesta en mi nueva hamaca , mi estómago me ha querido recordar que formaba parte de mi anatomía, que seguía ahí, que esos crujidos no anunciaban tormenta sino hambre.

Así que me he levantado, y descalza me he adentrado entre los árboles buscando algo nuevo. Quizás un milagro. Y buscando un regalo del cielo me he encontrado con un árbol de Noni. De repente me he acordado de la primera vez que lo probé, en Panamá, en Bocas del Toro,  hace ya lo que parecen mil años.

No es que me guste su toque amargo, pero nunca viene mal un cambio de sabor.

Anne.