Día 311: El arte parietal y yo

Pintura cueva Leeuwin

Por alguna extraña razón que por el momento no acierto a comprender, la vida en la cueva ha despertado en mi un instinto escondido bajo miles de capas de evolución. La creación de arte sin palabras.

He buscado una pared adecuada para esta labor, una zona profunda de la cueva lejos de las piedras calientes y de las zona de humedad. Un espacio oscuro en el que alguna vez debieron habitar los espíritus de Cabo Leeuwin que tenían miedo a la mar.

He preparado pigmentos basándome en la nada más absoluta. Me he dejado llevar por las tierras de colores que pueblan la isla, por los presentimientos en la boca del estómago cuando colocaba mi dedo índice sobre el polvo que despedían.

Creo llevar un pequeño chamán alojado en alguna zona de mi cuerpo, que se encargará de crear arte parietal en Cabo Leeuwin.

Lo llamaré 9 (2+0+1+6). Chamán nº 9.

Anne

 

Día 224: Manualidades Leeuwin (madera)

cocodrilo leeuwin

Podría haberme quedado a la sombra para terminar de curar los últimos males que han hecho de mi cuerpo su residencia de primavera, pero en un alarde de lucha contra la procastinación he hecho lo siguiente:

* He buscado madera (nogal Leeuwin)

* He sacado de su escondite las gubias que mi predecesor desconocido guardaba como oro en paño

* He fabricado una cruz

* Me he crecido con mi primera obra y he decidido aumentar la Pandilla Noé

* He tallado un elefante…..desastre  => Destino: fuego

* He tallado un tarsero …..desastre y 1/2 => Destino fuego

* He tallado un cocodrillo  🙂

Me siento artista….

Anne

Día 214: Telas de araña Leeuwin

Labores Leeuwin

Debo reconocer que el mundo de las labores nunca ha formado parte de mis aficiones. No lo era cuando vivía en New Providence y mucho menos lo es ahora, cuando la simple carrera por la supervivencia elimina cualquier posibilidad de ocio no alimenticio.

En el suelo de la cabaña que adopté como propia, encontré varias labores que sin duda llevaban nombre de mujer, eran tareas delicadas hechas por manos avezadas y hambrientas. Piezas tan delicadas que resultaba milagroso que hubieran sobrevivido al paso del tiempo, a la lluvia, al sol y a los hongos bibliófagos  que hicieron de mis libros su gran última cena.

Hoy que sentido la necesidad de que mi tesoro textil viera la luz y sintiera el viento, que se convirtiera en una cometa fija, horadada, en una construcción no arácnida digna de una araña.

Desde Cabo Leeuwin,

Anne

Día 189: Los nadadores de Cabo Leeuwin

nadadores leeuwin

El agua sigue estando demasiado fría para nadar, mi estómago demasiado ocupado con la digestión de una culebra viperina y yo, sin nada más que hacer, me he puesto a pintar.

Pero hoy no apuesto por el arte efímero, nada de arte al aire libre, hoy quiero crear algo que permanezca en la isla cuando yo ya no esté en ella.

Así que hoy he ido a “Cueva Luminosa”, he mirado una de las paredes que todavía permanece desnuda y el recuerdo de Almásy me ha indicado que era un buen lugar, un Gilf al-Kebir nº 2 en versión Leeuwin.

Ya tengo tres nadadores que no conocerán el desierto, que vivirán por y para siempre en mi paraíso, en Cabo Leeuwin, y que cada 8 de Febrero de cada año, de aquí al fin de los días, se harán carne, saldrán de la cueva y podrán N-A-D-A-R.

Anne

Día 176: Zen Leeuwin time

image

La diferencia entre el antes y el ahora son seis piedras colocadas una sobre la otra creando un equilibrio inestable.
Y debo reconocer que la idea era únicamente modificar mi horizonte, pasar de una línea eternamente horizontal a una construcción vertical. También debo reconocer que puede parecer una locura,  una enorme estupidez, pero cuando te acostumbras a a qué más allá de ti sólo hay una línea que separa el cielo y el mar, cualquier elemento que rompa dicha horizontalidad siempre es bienvenido.

Desde mi Cabo Leeuwin,
Anne