Día 337: Criaturas marinas mutantes

Especies desnocidas flotan en Cabo Leeuwin

Hay sucesos que se repiten cada año como si se tratara de un eco-365, como una merienda de cebolla o un déjà vu sempiterno.

Una extraña plaga de habitantes marinos ha llegado a las aguas de Cabo Leeuwin, una legión acuática de especímenes propios de las aguas infestadas de humanos.

Se trata de seres plásticos que se mueven en el mar como si éste fuera su elemento, como si el agua salada estuviera hecha de viento. Son transparentes, son translúcidos, a veces son blancos y se mueven como medusas planas.

Mi mar ya no parece el mismo cuando recibe estas mareas de allende los mares, y yo prefiero no pescar ni siquiera meterme en sus aguas hasta que todo pase y todo vuelva a la normalidad.

Anne

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Día 311: El arte parietal y yo

Pintura cueva Leeuwin

Por alguna extraña razón que por el momento no acierto a comprender, la vida en la cueva ha despertado en mi un instinto escondido bajo miles de capas de evolución. La creación de arte sin palabras.

He buscado una pared adecuada para esta labor, una zona profunda de la cueva lejos de las piedras calientes y de las zona de humedad. Un espacio oscuro en el que alguna vez debieron habitar los espíritus de Cabo Leeuwin que tenían miedo a la mar.

He preparado pigmentos basándome en la nada más absoluta. Me he dejado llevar por las tierras de colores que pueblan la isla, por los presentimientos en la boca del estómago cuando colocaba mi dedo índice sobre el polvo que despedían.

Creo llevar un pequeño chamán alojado en alguna zona de mi cuerpo, que se encargará de crear arte parietal en Cabo Leeuwin.

Lo llamaré 9 (2+0+1+6). Chamán nº 9.

Anne

 

Día 236: Festín de solsticio en Cabo Leeuwin

cena leeuwin

Y hoy de repente he sabido que es el momento de mirar al cielo, de convertir la astronomía en una excusa para celebrar la llegada del solsticio.

Para unos el solsticio de invierno.

Para otros el solsticio de verano.

Y para todos una celebración en Cabo Leeuwin.

Vayan buscando un hueco en sus agendas, vayan comprando vuelos, alquilando barcos, fabricando pateras. Vayan llenado los depósitos de sus coches, hinchando las ruedas de sus bicicletas o engrasando las articulaciones de sus piernas. Vengan nadando, vengan solos o con sus mascotas. Traigan libros, velas, traigan platos, tenedores. Vengan con vino blanco, champagne (Veuve Clicquot), con calimocho,cerveza o jote. Traigan comida en abundancia, comida para cientos o para unos pocos, traigan pan y huevos, ternasco, jamón, traigan croquetas de cocido, traigan lo que roben por las cocinas o lo que cocinen ustedes mismos.

Pero vengan, por Dios, que este solsiticio hay que celebrarlo.

Les espero.

(Vayan confirmando su presencia, medio de transporte y viandas)

Anne

Día 232: Pantera nebulosa de Leeuwin

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Hace años cuando pisé las arenas de mi Cabo Leeuwin por primera vez, pensé que si no me mataba el hambre lo haría sin duda el animal que se escondía tras un rugido terrorífico.

Pocos días después pude verlo, se trataba de una pantera con unos colmillos exageradamente largos en relación con el tamaño de su cuerpo. Debía pesar unos 64 kilos y sin duda era un macho.

El antiguo habitante de Cabo Leeuwin dejó escrito que de su viaje a Formosa no volvió solo, lo hizo con una pequeña jaula en la que llevaba un cachorro de pantera nebulosa que le robó a un lugareño.

Al igual que yo la pantera sigue viva. Yo lucho por comer y el hace lo mismo pero sin cruzar nuestras búsquedas de alimento. Nos respetamos y solo de vez en cuando nos vemos, aunque ambos miramos hacia otro lado como si fuéramos fantasmas.

El respeto que existe entre nosotros es el propio de dos especies que si intuyen prontas a la extinción.

Ser un náufrago en una isla desierta, o una pantera nebulosa de Formosa perdida en Cabo Leeuwin, son dos caras de la misma moneda.

Anne

Día 219: Temblando de emoción…3 contenedores

Contenedores Cabo Leeuwin

Hay sensaciones que son difícilmente comprensibles para los que viven en mundos repletos de posesiones, ya que la tenencia de objetos para consumo o disfrute es algo tan habitual que no se concibe la vida sin estar inundados de cosas que nos facilitan la vida.

Hoy me he levantado con un día tan gris como los días más grises del año. Frío, viento, un poco de niebla y mala mar.

Si bien las opciones de recibir alegrías eran muy cercanas al cero, de nuevo la naturaleza y este mar que es mi aislante y mi proveedor a la vez, ha querido traerme un regalo de marea tan grande como el infinito.

Tres contenedores caídos de algún barco han decidido encallarse en Cabo Leeuwin y formar ante mis ojos un espectáculo digno de las más grandes epifanías.

Ahora soy un manojo de nervios, una enorme gelatina roja (verde para daltónicos) que tiembla imaginado que habrá dentro de ellos.

Por favor, por favor, espero que uno sea de comida ….embalaje estanco por favor.

Voy a cruzar los dedos y a buscar algo para romper los cerrojos.

Anne

Día 214: Telas de araña Leeuwin

Labores Leeuwin

Debo reconocer que el mundo de las labores nunca ha formado parte de mis aficiones. No lo era cuando vivía en New Providence y mucho menos lo es ahora, cuando la simple carrera por la supervivencia elimina cualquier posibilidad de ocio no alimenticio.

En el suelo de la cabaña que adopté como propia, encontré varias labores que sin duda llevaban nombre de mujer, eran tareas delicadas hechas por manos avezadas y hambrientas. Piezas tan delicadas que resultaba milagroso que hubieran sobrevivido al paso del tiempo, a la lluvia, al sol y a los hongos bibliófagos  que hicieron de mis libros su gran última cena.

Hoy que sentido la necesidad de que mi tesoro textil viera la luz y sintiera el viento, que se convirtiera en una cometa fija, horadada, en una construcción no arácnida digna de una araña.

Desde Cabo Leeuwin,

Anne

Día 213: El habitante de tronco escondido

TRONCO HABITADO

A menos de 200 metros de las pozas de agua termal vive uno de los habitantes más silenciosos de Cabo Leeuwin, alguien que seguramente convirtió el miedo en su verdadero enemigo.

En tronco en el que descansa es un tronco hueco, un árbol que soñó con ser una casa, un escondite, un abrigo, una atalaya a pie de suelo, y que ahora lo envuelve para que nada ni nadie perturbe la paz horizontal de su último escondite.

El habitante de tronco escondido vivió aquí cuando la isla no era quizás un paraíso, cuando las tormentas barrían Cabo Leeuwin intentando borrarlo de un mapa en el que tal vez nunca había existido. Cuando los peces rehuían sus orillas y los pájaros anidaban lejos queriendo evitar que sus polluelos volvieran al lugar en el que nacieron.

A veces cuando hace frío y la humedad se me pega en los huesos voy a las pozas, me doy un baño e incluso me duermo dentro, y siempre, siempre y siempre antes de caminar de vuelta a la cabaña, corto flores silvestres y las dejo sobre el tronco para que su habitante perciba el aroma y olvide su miedo.

Anne