Día 348: Verano&Insomnio

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Calor. CALOR.
Noches en las que el calor continúa como si no tuviera ninguna prisa por irse.

En estas condiciones conseguir dormir es una tarea más que imposible. Da da igual que intentes dormir dentro del mar o encerrada en la cabaña a cal y canto. Cualquier intento resulta imposible.

¿Falta mucho para Septiembre?
¿y ahora?
¿y… ahora?

😦

Día 263: En la espesura de tierra adentro

Interior Leeuwin

Siempre me llama la atención que una isla como ésta pueda tener un paisaje interior como el que tiene. Una jungla tan salvaje como reducida, un trozo de otro lugar colocado en medio de Cabo Leeuwin.

Aquí as playas desiertas dejan paso a una vegetación exuberante, en la que el silencio es un personaje mudo, un espectador que busca restos de fauna entre la maleza.

Ya ni siquiera la pantera nebulosa corretea a escondidas ….

Pero hoy, justamente hoy, me he adentrado en la barrera verde ( así la llamo) y he sabido que pronto llegará el frío, un frío entre comillas que hará de mi paraíso un lugar menos habitable. Se irá la luz, bajarán las temperaturas y con ellas se irán las ganas de leer al aire libre, de pasar las noches mirando las estrellas desde Playa Sillón….

(Nota mental del autor: ¿Siempre quejándome del verano+calor y ahora me preocupa el frío? )

Anne

Día 260: Al agua patos

Cuando nadas ... ésto es lo que ves.
Cuando nadas … ésto es lo que ves.

Hu-yen-do del sol que me tiñe la cara como si de un colorante defectuoso se tratara, intento nadar cuando está nublado, cuando tengo hambre y comer pescado es mi única opción, cuando el calor es sofocante o los mosquitos han hecho de mi una superficie lunar llena de cráteres invertidos.

Pero HOY ni una cosa ni la otra. Hoy me he levantado con ganas de NADAR.

Para salir de la zona de costa lo he hecho con mi inconfundible estilo personal de espalda, y digo inconfundible porque el resto de la Pandilla Noé ha decidido acompañarme, y entro todos…mi estilo era el más ….el más normal 🙂

A la vuelta estaba tan cansada que Ganesha ha hecho de corcel maríno para mí.

Anne

Día 251: Lluvia acercándose a Cabo Leeuwin

LLuvia llegando a Cabo Leeuwin (2)

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Me gustan las promesas de cambio que se descubren en el cielo

porque son como un libro abierto.

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No hay posibilidad de duda, no la hay en absoluto, y es que cuando vives en una isla como ésta y conviertes sus orillas en los limites de tu Universo, la observación del CIELO es tu biblia apócrifa.

Por eso hoy mi biblia me anuncia la llegada de la lluvia, ese milagro que me dará una tregua, que aplacará el calor, que regará mi huerto y pondrá a prueba la resistencia de mi nuevo aislamiento para el techo de la cabaña de iniverno.

Tengo verdadera necesidad de observar un cielo gris y apagado, estoy saturada de soles amarillos, de días resplandecientes, del exceso de luz que borra el color y lo viste todo de blanco.

Quiero que el agua me caiga desde cielo sin necesidad de soñarla debajo de mi nueva/antigua ducha. Agua fría y agua dulce, agua sin control, vertical y reparadora.

Prometo no esconderme para protegerme de ella, prometo sentarme en mi sillón de madera en Playa Norte y dejar que me envuelva. Qué me moje el pelo y empape mi vestido «vela de mesana».

Ya se levanta el viento.

Cierro los ojos y espero…..

Anne

Día 246: Los milagros están hechos de frío

Leeuwin helado

La llegada del CALOR a Cabo Leeuwin es tan poco bienvenida como una posible invasión de Pterosaurios. Es la peor de las visitas, el más desagradable invitado, y es que cuando llega lo hace de la mano de su comadre la humedad.

Esta pareja se creen las reinas, las señoras de un paraíso que aunque rodeado por el mar, no las busca, no las quiere, no las soporta dando vueltas por todos los rincones de la isla.

Esta noche he recitado en voz alta todas las oraciones que conozco, y cuando me he cansado de repetirlas he inventado otras nuevas. He pedido ayuda a dioses desconocidos que quizas tampoco existen, pero que puestos a clamar al cielo, es mejor hacerlo en todas las direcciones, no vaya a ser que no aciertes la correcta o los vientos la desvién sin darte cuenta.

Al despertar he visto ésto, un milagro en un tiempo en el que los milagros están vetados para casi todos.

Y aunque parezca mentira es verdad, el calor ya no está y la otra mitad de la pareja se ha convertido en hielo, como si de una isleña mujer de Lot se tratara.

Gracias a todos los dioses de todos los mares que rodean a Cabo Leeuwin.

Estoy a salvo.

Anne

Día 217: El calor llama a la puerta

agua leeuwin

Llega el calor….llega el calor….l-l-e-g-a-a-a

Está aquí….lo sé, lo noto, lo siento en la piel…

…y no solo inunda el aire que respiro, sino que poco a poco se ha ido apoderando del agua que rodea mi isla, haciendo que el liquido elemento me invite a compartir su volumen desafiando al mismísimo Arquímedes.

El calor en las aguas traerá más pesca, y más pescado para comer, y si el pescado me apeteciera sería un placer, pero no lo es, no es un placer, en absoluto deseo seguir comiendo pescado, pero al menos podré bañarme sin lanzar improperios cada vez que meto un pie, o los dos, y no hablemos de si me toca meter la tripa flacucha, o los hombros que de puro rojo parecen los buches de una fragata real.

Qué llegue el calor, pero que sea flojito ¡¡¡

Anne

Día 159: Ya es primavera en Cabo Leeuwin

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Los inviernos en las islas son menos inviernos, son como habitaciones caldeadas desde el suelo.

Y aunque reconozco no estar preparada para el frío, confieso que su ausencia me pone las cosas más fáciles. No tengo que preocuparme por el aislamiento térmico de mi cabaña, ni por la ropa de abrigo de la cual no dispongo.

Hoy se acabó el problema. Ahora ya es primavera.

Anne

 

Día 47: Calor asfixiante

Hace tanto calor que pensar en hierba verde y húmeda, me refresca tanto como un baño en agua helada.

El sol de hoy que envuelve mi isla perdida no es un sol cualquiera. Es el mismo de ayer pero parece que quema un millón de veces más. Me muero de calor. La brisa es fuego, me quema la garganta y respiro como si tuviera los pulmones cansados.

De no estar mi isla en medio de un océano, pensaría que habita en medio de un desierto arrasado por el fuego.

Hierba verde. Primavera. Otoño. Necesito que cambie el tiempo.

Mi isla paraíso parece un infierno mortal y paradisíaco.

Día 43: Del calor y las lluvias

Mi tormenta de verano

Y después del calor que invade mi isla como un manto de fuego, la naturaleza ha querido darme un respiro y regalarme un baño de agua dulce caída del cielo.

He lavado mi único vestido sin quitármelo, he recogido agua con todos los cachivaches de aspecto cóncavo que tengo a mi disposición y sobre todo me he lavado el pelo con un huevo que robé en el nido de un pájaro negro.

El sol me gusta pero el calor me agobia. Estoy bien en esta isla, más que bien, estoy feliz. No quiero irme y por eso vuelvo la cara cuando el horizonte me devuelve la silueta de un barco.

Anne