Día 364: Viento sonoro

Campana de viento

Y por fin y de nuevo llega el viento, y como el viento hay que escucharlo además de sentirlo, decido construir un carillón.

Y uso conchas y guijarros que el mar ha ido vomitando sobre las arenas de Cabo Leeuwin, y les hago pequeños agujeros para pasar un sedal, y los voy colocando uno tras otro buscando el sonido más que la belleza.

Mi carillón espera la llegada del viento, con la misma ilusión que yo espero la llegada de las botellas de comida desde la otra punta del universo en movimiento.

Y es que en días como hoy, mi traductor de viento empieza a temblar, lo hace poco a poco, sin emitir sonidos, una vibración se va trasmitiendo por cada una de sus piezas hasta que por fin llega la música que me habla de otros mares, de otras islas, me habla de los pájaros que vuelan a su lado, me habla de perfumes de hogueras, me cuenta que el final del verano está a punto de llegar, que pronto vendrá la oscuridad y el frío y las costumbres sanas propias del otoño, del invierno y de la primavera.

Feliz viento 🙂