Día 397: Cometas volando

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Me gusta el viento, me gusta tanto como las croquetas que imagino y nunca llego a comer. Soy así. Podría evitarlo pero entonces no sería yo y sería otra, y con esa otra seguro que me aburriría un montón.

Así que hoy mi pulpo cometa se ha hecho la reina del cielo en Cabo Leeuwin.

Nunca creceré lo suficiente para dejar de hacerlo. Es como volar sin alas, convertirse en un Icaro textil sin miedo al calor. Es también la manera más fácil de tocar el viento, de sentirlo en los dedos, en las manos, en los brazos.

♥♥

¿Por qué contentarnos con vivir a rastras cuando sentimos el anhelo de volar?

(Helen Keller)
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Día 336: Mirar el cielo y nada más

Koh Chang Island, Thailand

A veces me gusta pasar el día en blanco, o lo que es lo mismo, pasar el día sin hacer nada de nada. Y cuando digo nada es nada, ni comer, ni moverme, ni buscar comida.

Estos días de asueto suelen llegar después de llenar mi estómago de una forma desmedida, como una resaca monumental, en la que todo mi organismo necesita de reposo absoluto para hacer una digestión correcta.

Después del atracón de ostras, y de la ingesta desmedida de cangrejos pocos días después, está claro que mis días en blanco van a repetirse como el eco.

Hoy en blanco, mañana en blanco,….

El placer de poder elegir el color de tus días no tiene precio.

Anne (white)

Día 262: Osa Mayor (Leeuwin)

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Desde este lugar (mi paraíso) la observación del cielo es perfecta.

Alejados de la civilización, la contaminación lumínica brilla por su ausencia, por lo que ni un solo reflejo escapa a mis ojos.

Tan solo conozco cuatro constelaciones, que noche tras noche busco como si en ello me fuera la vida. No tengo libros para aprender más,  así que tan sólo me queda bautizar lo que veo y ponerle un bonito nombre.

Afortunadamente la Osa Mayor se queda como está. .. prometo no cambiarle el nombre.

Ahora …a dormir.

Anne

Día 251: Lluvia acercándose a Cabo Leeuwin

LLuvia llegando a Cabo Leeuwin (2)

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Me gustan las promesas de cambio que se descubren en el cielo

porque son como un libro abierto.

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No hay posibilidad de duda, no la hay en absoluto, y es que cuando vives en una isla como ésta y conviertes sus orillas en los limites de tu Universo, la observación del CIELO es tu biblia apócrifa.

Por eso hoy mi biblia me anuncia la llegada de la lluvia, ese milagro que me dará una tregua, que aplacará el calor, que regará mi huerto y pondrá a prueba la resistencia de mi nuevo aislamiento para el techo de la cabaña de iniverno.

Tengo verdadera necesidad de observar un cielo gris y apagado, estoy saturada de soles amarillos, de días resplandecientes, del exceso de luz que borra el color y lo viste todo de blanco.

Quiero que el agua me caiga desde cielo sin necesidad de soñarla debajo de mi nueva/antigua ducha. Agua fría y agua dulce, agua sin control, vertical y reparadora.

Prometo no esconderme para protegerme de ella, prometo sentarme en mi sillón de madera en Playa Norte y dejar que me envuelva. Qué me moje el pelo y empape mi vestido “vela de mesana”.

Ya se levanta el viento.

Cierro los ojos y espero…..

Anne

Día 139: Mi Navidad sabe a gambas

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Las señales en el cielo me indican que la Navidad está a punto de llegar, y aunque una celebración así no tiene sentido en un lugar como éste, creo que voy a celebrarla.

Y confieso que la decisión no ha sido mía, ha sido del mar, mi mar, mi proveedor y mi carcelero.

Hoy mi enorme balsa de agua me ha permitido pescar tres gambas, tres tesoros que harán de mi cena de Navidad una recreación para los sentidos.

Tengo de tiempo hasta mañana para conseguir algo más.

Anne

 

Día 66: Entre el cielo y la tierra

Entre el cielo y el suelo... está mi mar Leeuwin

Oscurece tan rápido que tengo que llegar a tientas a mi cabaña. Dejo atrás un mar salvaje que me ha ocupado toda la tarde, obligándome a mirarlo y a sentir su fuerza como un caballo desbocado.

Mi mar, el mar que rodea como un falso amante a mi Cabo Leeuwin, se ha despertado valiente esta mañana y no ha dejado de rugir. Haga lo que haga sus gritos me taponan los oídos saturados de viento y sal. Lo oigo sin escucharlo y si quedara en silencio sería un silencio espeso y marino.

Entre el cielo y mi suelo hay algo que soy yo misma. Está mi isla que es un oceáno de tierra envuelto en vapores que ocultan sus formas.

Me voy a dormir y no necesito nanas de sirenas, tengo el canto espumoso del agua que golpea los cimientos de mi paraíso.

Buenas noches.

Anne

Día 49: Sopa de nubes con arco iris

Sopa de nubes con arco iris

En este Septiembre que avanza por mi isla, el cielo está empezando a cambiar.  Las nubes se forman con la velocidad de los rayos y de repente paso del calor total a la llegada de una gran tormenta.

Es un juego de colores, del azul cielo, al blanco de las nubes. El arco iris se dibuja a su lado para ser un invitado de honor antes de la llegada del gris y del viento.

Septiembre en Cabo Leeuwin me sabe a un nuevo comienzo. Tengo pereza. No me encuentro muy bien de salud debido a la vida severa que llevo en esta isla. Estoy cansada. Duermo mal.

Antes de que el invierno entre por la arena de mis playas tendré que aprender a buscar medicamentos naturales. Por ahora sólo tengo nonis para curarme de todos los males.

Animo Anne. Llegarán tiempos mejores.