Día 391: Niebla en el paraíso

niebla_naufrago_diario_paraiso_Leeuwin

Hay veces en las que al despertarte ya sabes que el día es tan gris, como el gris más grisáce0 del mundo. Lo notas al abrir los ojos, lo percibes en la luz que se cuela por esa mini ventana que te permite ver lo que pasa fuera de la cabaña.

Cabo Leeuwin está abrazando el otoño que por fin se ha instalado en la isla como un huésped fijo. Los días se están enfriando y el cielo ha cerrado a cal y canto el acceso al sol que ha sido un compañero fiel y cargante durante todo el verano.

Antes de que llegue Noviembre tendré que trasladarme a la cueva de piedras calientes, allí es más fácil sobrevivir al invierno. Es un lugar oscuro pero no hace frío. Creo que es bueno alejarse de la orilla del mar cuando las tormentas hacen su entrada en escena. Allí estaré bien y lo sé.

Me voy a buscar madera.

Anne

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Día 319: Sonrisas de marea

Patos perdidos en Cabo Leeuwin

 A veces los regalos de marea no me salvan la vida, pero al menos me hacen sonreír.

Por ahora no se que hacer con semejante presente no comestible. No sé si dejar a los patos en la playa o llevármelos hacia un destino menos acuático. Quizás en la cueva de las piedras calientes serían un elemento decorativo; el contraste perfecto entre los ciervos y bisontes que estoy pintando en las paredes con mi mano paleolítica.

Anne

Día 318: De cuevas y tesoros

Cueva sin abrir Leeuwin

Cualquiera que viera esta fotografía podría pensar que un derrumbe inesperado ha hecho de mi cueva de invierno una tumba, pero la realidad es otra y desde luego más favorable a mi persona.

Yo sigo viva. Mi cueva sigue en pie.

Este lugar es otro. Un descubrimiento reciente que ha despertado mi vena espeleóloga, dejando de lado mis otras venas claustrofóbicas.

La extraña bajada de la marea en Playa Sillón dejó este agujero al descubierto, y es que las últimas lunas están cambiando el funcionamiento de Cabo Leeuwin. Alguno de los factores de la ecuación se ha modificado y esto ha generado una serie de pequeños cambios en cadena.

He pasado tres horas para conseguir abrir una vía. Me he llenado los brazos de arañazos y los pulmones de polvo. He bebido agua de la botella que llegó dentro del Jeep del contenedor, me ha servido para hidratarme y se ha chafado con una roca. Adiós botella.

Adiós día.

Mañana más.

Día 312: Renacer con el sol

Sol de invierno en bosque_Cabo Leeuwin

HOY me he despertado con la sospecha cierta de que un cielo+sol me estaba esperando más allá de las paredes de la cueva.

Y no es que la oscuridad que habita mi cabaña de invierno me diera alguna pista, porque allí donde duermo reina la más absoluta falta de luz, sino porque al levantarme y separar mi cuerpo de las piedras calientes que hacen de cama, he notado una brisa que parecía nacer del fuego en lugar del hielo.

He corrido descalza hasta la entrada, primero guiándome por la memoria y después por la luz, y de repente lo he visto…SOL…sol invadiendo el bosque central de Cabo Leeuwin. Un sol extraño, descolocado.

De repente he pensado que el tiempo había pasado, que el invierno había dejado su cetro a la primavera. He creído que yo, presa quizás de un encantamiento, había dormido los 3 meses que me separaban de la primavera.

Anne

Día 311: El arte parietal y yo

Pintura cueva Leeuwin

Por alguna extraña razón que por el momento no acierto a comprender, la vida en la cueva ha despertado en mi un instinto escondido bajo miles de capas de evolución. La creación de arte sin palabras.

He buscado una pared adecuada para esta labor, una zona profunda de la cueva lejos de las piedras calientes y de las zona de humedad. Un espacio oscuro en el que alguna vez debieron habitar los espíritus de Cabo Leeuwin que tenían miedo a la mar.

He preparado pigmentos basándome en la nada más absoluta. Me he dejado llevar por las tierras de colores que pueblan la isla, por los presentimientos en la boca del estómago cuando colocaba mi dedo índice sobre el polvo que despedían.

Creo llevar un pequeño chamán alojado en alguna zona de mi cuerpo, que se encargará de crear arte parietal en Cabo Leeuwin.

Lo llamaré 9 (2+0+1+6). Chamán nº 9.

Anne

 

Día 310: Nuevo año en el agua

Cascada mini Leeuwin

El FRÍO que estos días llega del mar me ha arrastrado a la cabaña de invierno, esta vez dentro de una cueva que poco a poco empieza a parecer menos cueva y más hogar. Un lugar increiblemente seco,φδ que por alguna extraña razón dispone de una zona con rocas calefactadas  que son el paraíso de unos huesos saturados de humedad.

En el exterior de la cueva, justo por detrás, se encuentra la zona de pozas, un spa en miniatura en el que el agua va rascando el calor del suelo y envolviéndose en él. Un lujo destinado al invierno, a los moradores que tuvieron la suerte o desgracia de vivir en el paraíso de Cabo Leeuwin durante la estación más desapacible del año.

Hoy, antes de la no-comida, voy a darme un baño, voy a quedarme dormida dentro, voy a hacer el muerto sacando solo la naríz del agua.

Anne

Día 287: Lluvia que no cesa

 

De todos los fenómenos meteorológicos que pueden romper la monotonía de Cabo Leeuwin, la lluvia es quizás el que menos me apetece ( dejando a un lado el calor sofocante + humedad > 95 %) .

Y no siento rechazo por el cielo gris, el mar gris, y un atmósfera tan triste que dan ganas de escribir poesía, sino porque la estanqueidad ha hecho de mi su mayor enemiga.

Mi cabaña es tan permeable que a veces me pregunto si no sería mejor vivir en la cueva de los nadadores (al menos durante el otoño). Tengo que pensarlo y pensarlo pronto….

Mis botas son robustas pero el agua entra por las suelas llenas de agujeros. No tengo gorro, no tengo impermeable, mi vestido de vela de mesana es lo único que me mantiene medianamente seca.

Con este panorama pronto cogeré un resfriado y los herpes labiales me afearán hasta parecer una falsa enferma de escorbuto.

Decidido:  mañana convocaré a la Pandilla Noé y trasladaremos mi residencia hasta la zona de cuevas.

Al final vamos a parecer un portal navideño …

🙂