Día 138: Cartas para alguien que no soy yo

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Decir milagro, gritar milagro….

Hoy en Cueva Fría la providencia me ha mirado con buenos ojos, ofreciéndome un tesoro que no se come con la boca ni se mastica con los dientes.  

Es un saco viejo, mugriento como yo, un despojo escondido detrás de las piedras que cayeron cuando los murciélagos descubrieron mis trampas. 

Está lleno de cartas, cientos de cartas, miles de cartas que se perdieron y que hoy son historia. En otras condiciones las devolvería, intentaría localizar a sus destinatarios, pero hoy y aquí no voy a hacer nada de eso.

Hoy a ahora quiero imaginar que todas las misivas eran para mi. Todas y cada una dirigidas a Anne, Querida Anne, Estimada Anne, Adorada Anne, Te echo de menos mi dulce Anne, …y así durante unas días escucharé las voces que se perdieron y que hoy y ahora estarán destinadas única y exclusivamente a mí.

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Día 136: La inutilidad en forma billete de un dolar

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Restos de naufragios llegan a playa sillón y a veces, solo a veces, los objetos merecen algo más que un comentario.

En este caso, la llegada de un dolar a mi cabo Leeuwin es tan inútil como el esqueleto de un pez globo. No me sirve para comer, ni para beber, ni siquiera para construir un barco y hacer prácticas de navegación en barco de papel.

Solo se me ocurre un destino …. cremación para encender mi hoguera nocturna.

Anne

Día 44: Y para el sol…un sombrero

Mi sombrero

Las olas de este verano que me arranca gotas de sudor, ha tenido a bien traerme un sombrero.

No es muy femenino, pero en esta isla en la que sólo estoy yo conmigo misma, este pequeño detalle no importa demasiado. No importa ni lo más mínimo.

Me sienta bien, si señor. Me he mirado de reojo en una pequeña poza de agua cristalina, y lo que queda de mi condición de ser humano femenino y presumido, ha sonreído sin esconderse.

Ya puedo decir adiós a mis dolores de cabeza por el exceso de sol.

Anne

Día 43: Del calor y las lluvias

Mi tormenta de verano

Y después del calor que invade mi isla como un manto de fuego, la naturaleza ha querido darme un respiro y regalarme un baño de agua dulce caída del cielo.

He lavado mi único vestido sin quitármelo, he recogido agua con todos los cachivaches de aspecto cóncavo que tengo a mi disposición y sobre todo me he lavado el pelo con un huevo que robé en el nido de un pájaro negro.

El sol me gusta pero el calor me agobia. Estoy bien en esta isla, más que bien, estoy feliz. No quiero irme y por eso vuelvo la cara cuando el horizonte me devuelve la silueta de un barco.

Anne

Día 42: Un regalo del cielo…una cama barca

He soñado con una cama barca

En ocasiones, el despertar después de una noche calurosa trae consigo alguna que otra sorpresa.

Y como si el cielo hubiera decidido hacerme un regalo, esta noche he soñado con una preciosa cama que a la vez era un barca. Tenía un colchón blandito y una tela tan blanca como el blanco de las conchas que tapizan la alfombra de mi playa.

Al despertar y darme de bruces con la realidad de mi isla, con mi cabaña de verano mucho menos húmeda que la de invierno, con un colchón de hojas secas tan ruidoso como mi burro “Martes”, la suavidad del sueño se ha disipado y he pisado el suelo.

Pero ahora mi sueño ya es mio. La cama barca forma parte de mis imágenes y está grabada en mi hipotálamo como los petroglifos que descubrí hace un tiempo. Cierro los ojos y la veo. Abro los ojos y está delante de mi.

El placer de soñar y ser capaz de hacerlo real…

Anne

Día 41: Playa árbol torcido

Este el es árbol que da nombre a la playa

Ahora que el calor se ha convertido en mi compañero inseparable en el día a día, mis visitas a las playas de ésta, mi isla, son continuas y muy necesarias. 

Entre mis favoritas está la playa de árbol caído, un nombre nada original que nació por razones evidentes. Un árbol retorcido, inclinado y que lucha por tocar el agua con sus ramas me recibe siempre con su pequeña sombra. 

Nunca me pongo al sol, no me gusta ver como la piel se quema, me salen manchas, nacen arrugas y me vuelvo tan oscura que no me reconozco. 

Ahora me voy a dormir. A la sombra, claro. 

Anne

Día 40: Nuevas amistades….se llama Crisopa

Se llama Crisopa

No se quien me dijo una vez que a este paso voy a montar una familia numerosa en la isla. Creo que tenía razón, estoy en camino. 

Y es que esta semana he recibido una visita de un insecto que hasta ahora no conocía. Es verde y es una preciosidad. Llegó por sorpresa y se posó en mi mano sin ninguna intención de huir , no lo hizo ni cuando le soplé para que se fuera. 

Se llama Crisopa y creo que no estaba en la isla cuando yo llegué, me parece que ha venido después, quizás ha llegado buscándome  para darme alguno tipo de señal. 

Esta isla se está convirtiendo en un zoo natural y faúnico. Me encanta. 

Anne