Día 347: Deseos hechos realidad

Hielo Leeuwin

Podría decir que yo no tengo nada que ver con este fenómeno natural sucedido en Cabo Leeuwin. Que yo no he sido. Que estaba durmiendo. Pero…

Ha llegado de lleno el verano y con él mis deseos enormes de que se vaya rapidito por donde ha venido. No me gusta ni lo más mínimo. El calor y la humedad son un precio muy alto a pagar por unas cuantas horas más de luz.

Confieso que el buen tiempo favorece la supervivencia. Más luz, más horas disponibles para encontrar comida, más horas ocupadas, menos frío, menos miedo, menos oscuridad. También menos hambre, menos aburrimiento y más mosquitos.

Anoche recé en voz alta y hoy el milagro se ha hecho realidad. Frío en mi paraíso. Hielo en la orilla. Sonrisa en mi cara. Voilà.

🙂

Día 310: Nuevo año en el agua

Cascada mini Leeuwin

El FRÍO que estos días llega del mar me ha arrastrado a la cabaña de invierno, esta vez dentro de una cueva que poco a poco empieza a parecer menos cueva y más hogar. Un lugar increiblemente seco,φδ que por alguna extraña razón dispone de una zona con rocas calefactadas  que son el paraíso de unos huesos saturados de humedad.

En el exterior de la cueva, justo por detrás, se encuentra la zona de pozas, un spa en miniatura en el que el agua va rascando el calor del suelo y envolviéndose en él. Un lujo destinado al invierno, a los moradores que tuvieron la suerte o desgracia de vivir en el paraíso de Cabo Leeuwin durante la estación más desapacible del año.

Hoy, antes de la no-comida, voy a darme un baño, voy a quedarme dormida dentro, voy a hacer el muerto sacando solo la naríz del agua.

Anne

Día 306: Frío en la orilla

Noches frias Cabo Leeuwin

El paso de los días se está dejando notar, y ya no solo por la oscuridad que se ha puesto a la cabeza del cambio, sino porque el frío se empieza a colar por todos y cada uno de los poros de la Cabo Leeuwin.

La cabaña de verano es tan heladora como el aliento de un tejón, solo se está medianamente bien cuando el sol la inunda. Cuando éste desaparece llega una pequeña glaciación que se instala como si fuera su casa y no la mía.

Llevo días pensando en reconstruir la cabaña de invierno, que levantada en el interior de la isla junto a las pozas de agua caliente, es un pequeño oasis protegido del viento.

Si, creo que voy a ponerme a ello.

Ahora solo necesito borrar todas la excusas que se me ocurren para evitarlo. (maldita procastinación)

Anne

 

 

Día 287: Lluvia que no cesa

 

De todos los fenómenos meteorológicos que pueden romper la monotonía de Cabo Leeuwin, la lluvia es quizás el que menos me apetece ( dejando a un lado el calor sofocante + humedad > 95 %) .

Y no siento rechazo por el cielo gris, el mar gris, y un atmósfera tan triste que dan ganas de escribir poesía, sino porque la estanqueidad ha hecho de mi su mayor enemiga.

Mi cabaña es tan permeable que a veces me pregunto si no sería mejor vivir en la cueva de los nadadores (al menos durante el otoño). Tengo que pensarlo y pensarlo pronto….

Mis botas son robustas pero el agua entra por las suelas llenas de agujeros. No tengo gorro, no tengo impermeable, mi vestido de vela de mesana es lo único que me mantiene medianamente seca.

Con este panorama pronto cogeré un resfriado y los herpes labiales me afearán hasta parecer una falsa enferma de escorbuto.

Decidido:  mañana convocaré a la Pandilla Noé y trasladaremos mi residencia hasta la zona de cuevas.

Al final vamos a parecer un portal navideño …

🙂

 

Día 273: Soft Pink Leeuwin

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Soft= suave
Pink= rosa

Mi única manta de invierno es tan suave como los inviernos suaves de Cabo Leeuwin, y tan rosa como la piel rosa de los tres cerditos que llegaron nadando a la isla.

Ahora cuando la llegada del frío se siente como algo tan seguro, pienso a menudo en esta manta de color rosa, que tengo guardada en la única zona seca de mi cabaña con vocación de colador.

Y de repente el frío me da menos miedo…
y de repente sonrío y sé qué podré
sobrevivir
al invierno.

Día 263: En la espesura de tierra adentro

Interior Leeuwin

Siempre me llama la atención que una isla como ésta pueda tener un paisaje interior como el que tiene. Una jungla tan salvaje como reducida, un trozo de otro lugar colocado en medio de Cabo Leeuwin.

Aquí as playas desiertas dejan paso a una vegetación exuberante, en la que el silencio es un personaje mudo, un espectador que busca restos de fauna entre la maleza.

Ya ni siquiera la pantera nebulosa corretea a escondidas ….

Pero hoy, justamente hoy, me he adentrado en la barrera verde ( así la llamo) y he sabido que pronto llegará el frío, un frío entre comillas que hará de mi paraíso un lugar menos habitable. Se irá la luz, bajarán las temperaturas y con ellas se irán las ganas de leer al aire libre, de pasar las noches mirando las estrellas desde Playa Sillón….

(Nota mental del autor: ¿Siempre quejándome del verano+calor y ahora me preocupa el frío? )

Anne

Día 257: Lluvia …otro regalo

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Después del manjar gastronómico con el que la providencia me trasladó al cielo, hoy de nuevo agradezco a los dioses que me mantienen con vida, la llegada de un fenómeno con el que soñaba desde hace días. 

Y es que cuando el eterno verano te satura hasta decir basta,  no hay mayor epifanía que la llegada de la lluvia y el descalabro de las temperaturas.

Llueve y hace frío.  La parra de la cabaña de verano recibe esta bendición líquida mostrando su verde más verde, y yo estoy pensando en ofrecer un sacrificio como agradecimiento a tamaño regalo.

Gracias a los dioses, Dioses, magos, hechiceros, brujos … OS QUIERO !!

Anne