Día 219: Temblando de emoción…3 contenedores

Contenedores Cabo Leeuwin

Hay sensaciones que son difícilmente comprensibles para los que viven en mundos repletos de posesiones, ya que la tenencia de objetos para consumo o disfrute es algo tan habitual que no se concibe la vida sin estar inundados de cosas que nos facilitan la vida.

Hoy me he levantado con un día tan gris como los días más grises del año. Frío, viento, un poco de niebla y mala mar.

Si bien las opciones de recibir alegrías eran muy cercanas al cero, de nuevo la naturaleza y este mar que es mi aislante y mi proveedor a la vez, ha querido traerme un regalo de marea tan grande como el infinito.

Tres contenedores caídos de algún barco han decidido encallarse en Cabo Leeuwin y formar ante mis ojos un espectáculo digno de las más grandes epifanías.

Ahora soy un manojo de nervios, una enorme gelatina roja (verde para daltónicos) que tiembla imaginado que habrá dentro de ellos.

Por favor, por favor, espero que uno sea de comida ….embalaje estanco por favor.

Voy a cruzar los dedos y a buscar algo para romper los cerrojos.

Anne

Día 217: El calor llama a la puerta

agua leeuwin

Llega el calor….llega el calor….l-l-e-g-a-a-a

Está aquí….lo sé, lo noto, lo siento en la piel…

…y no solo inunda el aire que respiro, sino que poco a poco se ha ido apoderando del agua que rodea mi isla, haciendo que el liquido elemento me invite a compartir su volumen desafiando al mismísimo Arquímedes.

El calor en las aguas traerá más pesca, y más pescado para comer, y si el pescado me apeteciera sería un placer, pero no lo es, no es un placer, en absoluto deseo seguir comiendo pescado, pero al menos podré bañarme sin lanzar improperios cada vez que meto un pie, o los dos, y no hablemos de si me toca meter la tripa flacucha, o los hombros que de puro rojo parecen los buches de una fragata real.

Qué llegue el calor, pero que sea flojito ¡¡¡

Anne

Día 215: Rúcula…mon amour

rucula leeuwin

Si tuviera que convertirme en un ser herbívoro, comería rúcula como si en ello me fuera la vida. Para desayunar, para cenar, para comer, para picar, para mezclar con el chicle y como aromatizador de la pasta de dientes Clay Leeuwin.

Haría del color verde mi religión, de la clorofila mi pan nuestro de cada día y del glucosinato que contiene mi anti cancerígeno favorito.

Lamentablemente los nacederos de rúcula son escasos en Cabo Leeuwin, y aunque el tamaño de mi estómago se ha reducido hasta parecerse a un riñón, no consigo saciarme a base de verde.

Me voy a pescar ¡¡¡

Anne

Día 211: Reloj de sol Leeuwin

reloj sol leeuwin

En estos días me sobran casi todas las palabras, y es que la luz se ha hecho la dueña de mis cuerdas vocales.

La isla ha dado siete pasos en dirección al paraíso (quien dice 7 dice 70.000). Todo ha cambiado. Desde el color del mar, pasando por la nueva luz, la temperatura del aire, la brisa que sopla desde Playa Piedras, por no hablar del extraño comportamiento de la Pandilla Noė que parece vivir una epifanía que despierta con cada amanecer…

Prometo que a pesar del hambre no he comido flores… Anne

Día 203: Cerdos Leeuwin nadando…cerdos amigos

cerdos leeuwin

Cuando crees que lo has visto todo, te das cuenta de que en realidad no-has-visto-nada.

Por muchas vueltas que hayas dado por el mundo, por muchas playas que hayas descubierto y bautizado, por muchas cuevas exploradas y fondos marinos repasados a golpe de pulmón, al final la naturaleza te sorprende dejándote la boca abierta de par en par mientras …… ves a dos cerdos nadando en el mar y llegando a Cabo Leeuwin.

Al final voy a pensar que mi isla no está tan apartada del mundo real como yo imaginaba, que no lejos de aquí  ( no más allá de lo que un cerdo puede recorrer nadando sin ahogarse ) hay vida humana.

En pocos minutos estos dos atletas estarán en Playa Piedras y es justamente el tiempo del que dispongo para crear vínculos mentales de amistad con los visitantes.

Voy a contar: 1-2-3……………….78…….123……

Todavía veo comida con patas ¡¡¡¡

Sigo contando:  152….198…..617, 618……

No tengo hambre.Son amigos. Los amigos no se comen.

Los-amigossss-nooooo-son-comestiblessssss.

Anne

Día 196: El mobiliario Leeuwin y la cajita de miel

panal Leeuwin

Como es de suponer, el mobiliario de una isla perdida entre los espejos de la nada, es tan reducido como el tamaño actual de mi estómago, por lo que la presencia de una colmena abandonada por algún antiguo habitante, es la excusa perfecta para pensar que aunque no me guste su sabor, la miel es comida…

Ahora me toca hacer una hoguera, apagarla y aprovechar la humareda para armarme de valor, abrir la cajita de futura miel y ver lo que hay dentro.

Si hay abejas me echaré a correr.

Vuelvo a la cabaña para coger el pedernal y unas (las) botas sin agujeros….

Anne

Día 182: Tiro la casa por la ventana

fiesta en leeuwin

Para encontrar el paraíso a veces tan solo es necesario disponer de alimentos que nos acerquen al nirvana.

Hoy y ahora he decidido quemar mis barcos, vaciar mi despensa, confiar en la providencia para que mañana la naturaleza me regale provisiones, que compensen la pérdida de este stock de seguridad que estoy a punto de fusilar.

Espero que alguien bendiga la mesa, porque ante esta visión he olvidado todas las oraciones…

Anne ( pecando de gula)

Día 181: Robando sismógrafos

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Esto no es lo que parece. No es un palo vestido de amarillo ni es un tucán abrazado a otro tucán.
Esto es el resultado de mi primer robo acuatico, un robo de tecnología punta que venderé al mejor postor a cambio de comida.

Y es que cuando hay hambre se acaba la poesía. Cuando el estómago grita no sirven los poetas románticos ni los grandes novelistas de todos los tiempos. No sirve la filosofía ni las grandes religiones…

Sólo
sirve
la comida.
OBS secuestrado.
Rescate: su peso en comida.

Anne

Día 177: Huevo en alquiler

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Esta mañana mientras paseaba mi hambre por playa Sillón, me he encontrado con un huevo abandonado.
Mi estómago sólo ha visto comida,  mi cabeza ha imaginado una tortuga muerta en su interior, y yo he tragado saliva haciendo como que la cosa no iba conmigo.

Día 174: Más horas de luz

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Pasan los días y poco a poco siento que la oscuridad y el frío están condenados a desvanecerse entre las olas.
Nunca me han gustado los inviernos y si alguna vez me gustaron, ese recuerdo se ha borrado por completo de mi mente.
A pesar del que el frío no da tregua, las horas de luz están cambiando. Más luz. Más horas en las que el sol me permite hacer más cosas. Bien.

Importante:
Hoy mi estómago ha aprendido a digerir las bayas de color amarillo que al principio me provocaban vómitos y por fin he dejado de sentir hambre.