Día 232: Pantera nebulosa de Leeuwin

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Hace años cuando pisé las arenas de mi Cabo Leeuwin por primera vez, pensé que si no me mataba el hambre lo haría sin duda el animal que se escondía tras un rugido terrorífico.

Pocos días después pude verlo, se trataba de una pantera con unos colmillos exageradamente largos en relación con el tamaño de su cuerpo. Debía pesar unos 64 kilos y sin duda era un macho.

El antiguo habitante de Cabo Leeuwin dejó escrito que de su viaje a Formosa no volvió solo, lo hizo con una pequeña jaula en la que llevaba un cachorro de pantera nebulosa que le robó a un lugareño.

Al igual que yo la pantera sigue viva. Yo lucho por comer y el hace lo mismo pero sin cruzar nuestras búsquedas de alimento. Nos respetamos y solo de vez en cuando nos vemos, aunque ambos miramos hacia otro lado como si fuéramos fantasmas.

El respeto que existe entre nosotros es el propio de dos especies que si intuyen prontas a la extinción.

Ser un náufrago en una isla desierta, o una pantera nebulosa de Formosa perdida en Cabo Leeuwin, son dos caras de la misma moneda.

Anne