Día 415: ¿Y qué ropa me pongo?

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No es que mis opciones de salir de esta isla se hayan visto aumentadas, pero estos días en los que las horas de luz crecen y crecen como si fueran habichuelas mágicas, he empezado a imaginar cómo podría ser una hipotética vida fuera.

Lo primero que he pensado…¿qué ropa se llevará ahora? ¿podré pasear por la cubierta del barco que me libere, con mi vestido de vela de mesana?

Con estos pensamientos en la cabeza he recurrido a lo que podría llamarse la biblioteca de Cabo Leeuwin, ese lugar en el que guardo los tesoros de papel que descubrí escondidos en la vieja cabaña. Et voilà…la solución estaba allí…una imagen que muestra claramente como deben vestirse las mujeres.

El libro no es actual, pero no creo que la moda haya cambiado tanto.

Anne

Día 401: Yo también quiero

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Quiero la tierra y sus maravillas: el mar, el sol.

Quiero penetrar en él, ser parte de él, vivir en él, aprender de él, perder todo lo que es superficial y adquirido en mí, volverme un ser humano consciente y sincero. Al comprenderme a mí misma quiero comprender a los demás.

Quiero realizar todo lo que soy capaz de hacer… trabajar con mis manos, mi corazón y mi cerebro. Quisiera tener un jardín, una casita, hierba, animales, libros, cuadros, música. Y sacar de todo esto lo que quiero escribir; expresar todas estas cosas…

Quiero vivir la vida cálida, anhelante, viva, tener raíces en la vida, aprender, desear, saber, sentir, pensar, actuar, eso es lo que quiero, a donde debo tratar de llegar”.

Katherine Mansfield. Escrito en su diario pocos días antes de morir a los 34 años.

Día 390: Entender la poesía

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«Si leo un libro y siento todo el cuerpo tan frío que ningún fuego es ya capaz de calentarme, sé que eso es poesía…»

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Día 330: Tesoros en papel (Las hermanas Bunner)

Libros encontrados Cabo Leeuwin

Entre los tesoros en papel que encontré bajo las tablas de la primera cabaña, hay uno que voy a leer después de ganarle la batalla a una legión de hongos bibliófagos.

Lo leeré al sol, solo al sol. Lo leeré siempre fuera de la cueva. Lo leeré despacito para que el placer dure más tiempo.

Las hermanas Bunner (Edith Wharton) están en su mercería y no quiero perderme ni un detalle de su vida.

Ahora toca esperar a que la lluvia me de un respiro para volar.

Anne

Día 280: Secando libros al verde

Libros Leeuwin al verde

Y a veces, solo muy de vez en cuando, cuando el sol se arrodilla y el triunfo de las sombras lo cubre todo, llegan a mi cabeza extrañas melodías minimalistas que como un mantra se apoderan de mis pensamientos.

Y entonces y sólo entonces se que ha llegado el momento de prepararse para los cambios.

Pronto el sol dejará de ser el dueño del fuego y las horas de luz regirán mi vida en Cabo Leeuwin. Pronto dejaré de quejarme por el calor, por mi piel manchada, por mi pelo de paja seca, por el sudor que me ha acompañado como un traje demasiado apretado.

Y cuando esto suceda aprenderé a leer con la luz de las velas, y me quemaré la vista un poco más, y soñaré con los ojos abiertos y rojos, muy rojos.

Hoy, aprovechando los últimos rayos de sol, he puesto mis libros a secar al verde. Para blanquearlos, para que mueran sus hongos, para que los ácaros que viven en su polvo no me atraviesen las entrañas mientras los leo.

Leer en otoño

es

como

leer a oscuras.

Día 244: Libros flotantes llegan a Cabo Leeuwin

Libros flotando Cabo Leeuwin

SI la FELICIDAD existe y es alcanzable para el ser humano, sin ningún genero de dudas tiene forma de LIBRO.

L

I

B

R

O

Un libro, una isla desierta a la que llamo hogar. Hambre perpetuo y todo el vacío que cabe en un océano, conforman un escenario perfecto para vivir.

Y aunque no se quien me envía este paquete de libros, estoy segura que cuando la marea los acerque lo suficiente para atreverme a cruzar un banco de carabelas portuguesas y recogerlos, seré feliz hasta decir basta.

Anne

(casi a punto de leer)

Día 228: Secando libros en árboles

libros secandose en arbol leeuwin

Después de una tormenta todos y cada uno de mis objetos están mojados, así que tan pronto como cesa la lluvia y el sol se hace un hueco en el cielo, los alrededores de la cabaña se convierten en un inmenso secadero al aire libre.

Mi vela de mesana está dedicada a proteger eso-que-yo-llamo-colchón, por lo que los libros que encontré en Cueva Luminosa se convierten en pasto de las goteras.

Como a los hongos bibliófagos les gusta el sol, no me queda otra opción que tender los libros…a la sombra.

Anne ( después de las tormentas)

Día 197: Hongos bibliófagos atacan mis libros

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Mis tesoros en papel son dos libros que encontré en el suelo de mi primera cabaña de invierno. Estaban medio enterrados, húmedos, literalmente mojados y a pesar de que desde entonces los he cuidado como si de oro se tratara, su decadencia parece seguir la dirección hacia un tobogán gigante.

Los hongos de Cabo Leeuwin son hongos bibliófagos,

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Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre:

el fuego, la humedad, los animales, el tiempo y su propio contenido.

(Paul Valéry)