Día 400: Llueve y no me importa

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Con una magnífica sobredosis de caloas, repleta de triptófano,con el potasio y el magnesio por las nubes, hoy mi cuerpo se ha levantado como si todo mereciese la pena.

Hoy no me duele nada ni tampoco tengo razones para quejarme. No hay sol, las nubes de color gris acero se han extendido por un cielo de tormenta, que convierte el mar en un espectáculo salvaje de color verde turquesa.

Pronto caerá la lluvia y yo no haré nada por evitarla. Me quedaré sentada en las rocas y aprovecharé la temperatura impropia de esta época para desembarazarme de mi vestido vela de mesana.

Quizás decida nadar entre las olas que esperan el agua de nube como elixir de agua de nube. Y tal vez no haga nada de eso y me dedique a sentir el pelo mojado y el viento pegajoso, y la variedad de ruidos que emiten los miembros de la pandilla Noé que todavía duermen sobre la arena después del festín amarillento.

Anne

Día 287: Lluvia que no cesa

 

De todos los fenómenos meteorológicos que pueden romper la monotonía de Cabo Leeuwin, la lluvia es quizás el que menos me apetece ( dejando a un lado el calor sofocante + humedad > 95 %) .

Y no siento rechazo por el cielo gris, el mar gris, y un atmósfera tan triste que dan ganas de escribir poesía, sino porque la estanqueidad ha hecho de mi su mayor enemiga.

Mi cabaña es tan permeable que a veces me pregunto si no sería mejor vivir en la cueva de los nadadores (al menos durante el otoño). Tengo que pensarlo y pensarlo pronto….

Mis botas son robustas pero el agua entra por las suelas llenas de agujeros. No tengo gorro, no tengo impermeable, mi vestido de vela de mesana es lo único que me mantiene medianamente seca.

Con este panorama pronto cogeré un resfriado y los herpes labiales me afearán hasta parecer una falsa enferma de escorbuto.

Decidido:  mañana convocaré a la Pandilla Noé y trasladaremos mi residencia hasta la zona de cuevas.

Al final vamos a parecer un portal navideño …

🙂

 

Día 257: Lluvia …otro regalo

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Después del manjar gastronómico con el que la providencia me trasladó al cielo, hoy de nuevo agradezco a los dioses que me mantienen con vida, la llegada de un fenómeno con el que soñaba desde hace días. 

Y es que cuando el eterno verano te satura hasta decir basta,  no hay mayor epifanía que la llegada de la lluvia y el descalabro de las temperaturas.

Llueve y hace frío.  La parra de la cabaña de verano recibe esta bendición líquida mostrando su verde más verde, y yo estoy pensando en ofrecer un sacrificio como agradecimiento a tamaño regalo.

Gracias a los dioses, Dioses, magos, hechiceros, brujos … OS QUIERO !!

Anne

Día 251: Lluvia acercándose a Cabo Leeuwin

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Me gustan las promesas de cambio que se descubren en el cielo

porque son como un libro abierto.

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No hay posibilidad de duda, no la hay en absoluto, y es que cuando vives en una isla como ésta y conviertes sus orillas en los limites de tu Universo, la observación del CIELO es tu biblia apócrifa.

Por eso hoy mi biblia me anuncia la llegada de la lluvia, ese milagro que me dará una tregua, que aplacará el calor, que regará mi huerto y pondrá a prueba la resistencia de mi nuevo aislamiento para el techo de la cabaña de iniverno.

Tengo verdadera necesidad de observar un cielo gris y apagado, estoy saturada de soles amarillos, de días resplandecientes, del exceso de luz que borra el color y lo viste todo de blanco.

Quiero que el agua me caiga desde cielo sin necesidad de soñarla debajo de mi nueva/antigua ducha. Agua fría y agua dulce, agua sin control, vertical y reparadora.

Prometo no esconderme para protegerme de ella, prometo sentarme en mi sillón de madera en Playa Norte y dejar que me envuelva. Qué me moje el pelo y empape mi vestido “vela de mesana”.

Ya se levanta el viento.

Cierro los ojos y espero…..

Anne

Día 248: Creando lluvia

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Nunca hubiera tenido una ducha como esta si alguien no la hubiera construido para mí años atrás, cuando ni siquiera yo sabía que iba a terminar en un lugar como Cabo Leeuwin, cuando el que la construyó tampoco sabía que iba a vivir sus últimos días dentro de un tronco.

Pero finalmente la máquina para fabricar lluvia está aqui, y entrar en ella es como vivir dentro de una tormenta de agua cálida que te envuelve y te aisla y te purifica y te devuelve a un vientre materno en el que todo era paz y humo.

Yo Anne.

Yo agua.

Amén.

Día 228: Secando libros en árboles

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Después de una tormenta todos y cada uno de mis objetos están mojados, así que tan pronto como cesa la lluvia y el sol se hace un hueco en el cielo, los alrededores de la cabaña se convierten en un inmenso secadero al aire libre.

Mi vela de mesana está dedicada a proteger eso-que-yo-llamo-colchón, por lo que los libros que encontré en Cueva Luminosa se convierten en pasto de las goteras.

Como a los hongos bibliófagos les gusta el sol, no me queda otra opción que tender los libros…a la sombra.

Anne ( después de las tormentas)

Día 199: Se acerca una tormenta

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Con el tiempo he aprendido que el cielo azul y un mar tranquilo, puede convertirse muy rápidamente en un paisaje diametralmente opuesto.

Y es que los pequeños detalles van marcando la diferencia y tan solo con el tiempo, y muchas tormentas a la espalda, aprendes a interpretarlos adecuadamente.

Hoy es un día de esos, hoy hasta los delfines indican que se acerca una tormenta.

No se cuando llegará, pero lo que si sé es todo lo que tengo que hacer para que el agua no forme parte de mi….mi cabaña, mi cocina, mi ropa, mi pelo, mi casi bicicleta, mi fuego,…..

Anne

( egocéntrica Vs tormenta)