Día 319: Sonrisas de marea

Patos perdidos en Cabo Leeuwin

 A veces los regalos de marea no me salvan la vida, pero al menos me hacen sonreír.

Por ahora no se que hacer con semejante presente no comestible. No sé si dejar a los patos en la playa o llevármelos hacia un destino menos acuático. Quizás en la cueva de las piedras calientes serían un elemento decorativo; el contraste perfecto entre los ciervos y bisontes que estoy pintando en las paredes con mi mano paleolítica.

Anne

Día 294: A bordo de mi balsa “Hispanidad”

Balsa 12 de Octubre Leeuwin

Hoy 12 de Octubre es un día especial. Un día grande.

Hoy mi balsa “Hispanidad” se lanza a la conquista de las 5 millas náuticas que separan Cabo Leeuwin de Isla Vecinos.

Entre mi paraíso y ese lugar, del que me llega el sonido de un cello, hay 9.260 metros, una barrera tan descomunal como diminuta para alguien que ha hecho del mar su frontera.

No tengo velas, y aunque las tuviera el viento no estaría de mi lado. Hace días que el otoño ha borrado la brisa, es comoun calma chicha que lo envuelve todo paralizando cualquier intento de movimiento.

Me da igua, no me importa. Hoy es el día y aunque los elementos no estén de mi lado, me encomiendo al mismo diablo y a bordo de “Hispanidad” …. zarpamos.

Llevo dos remos, un dedo roto, el pelo atado con trozo de liana. Llevo algo parecido a un sombrero, nada de comida y ese hambre que me sigue como un perro lazarillo.

Tengo un as en la manga, y esa carta se llama Marcos, el calderón….se viene conmigo.

Lo sé….nunca nadie utilizó una ballena piloto de remolcador.

Hispanidad y yo estaremos a salvo 🙂

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VER CADA DIA EL MAR NOS CONVIERTE EN MARINOS IMAGINARIOS.

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Día 268: Mi mar se vuelve gris

Y como quien no quiera la cosa ….

….el verano comienza a alejarse de puntillas, sin hacer ruido, con pasitos de bebé.

Y de la misma forma el otoño se está colando entre las olas de Cabo Leeuwin, y de repente todo parece más gris, más apagado, los movimientos frenéticos del verano están dando paso ( como quien no quiere la cosa) a un ritmo lánguido que me acerca a los días oscuros que están por llegar.

Tanto soñar con el fin del verano…y ya está. C’est fini.

Anne

Día 226: Lo que me gusta de las tormentas

Tormenta en Cabo Leeuwin

Lo que me gusta de las tormentas son los preliminares, esos justos instantes en los que el silencio asfixiante se rompe, y el viento aparece de la nada como si nunca hubiera existido; cuando las restos secos que ha traído la marea empiezan a correr delante de ti dando vueltas sobre si mismos, como poseídos por una energía cinética desconocida.

Me gusta ver como el calor antiguo se desvanece y la temperatura cae en picado. Como se pasa del fuego al hielo en un instante en el que el cielo se ha puesto serio, se ha vestido de gris y el mar, como buen espejo, se disfraza de hombre de negro.

Siento frío y el frío me hace sentir que no he muerto,que sigo viva, que estoy en Cabo Leeuwin, que viviré aquí para siempre porque los siempres nunca son verdaderos, los siempres humanos son temporales y eso los hace mejores.

Adoro escuchar los sonidos de las tormentas, mis carrillones de viento hechos de regalos de marea, de conchas, de piezas metálicas tan oxidadas que suenan tan huecas como las voces de los marineros ahogados en ron.

Ahora en el otro extremo de la isla, el cielo está tan rojo que parece el corazón de una sandía a punto de explotar….

Empieza a llover…me voy.

Anne

Día 210: Una tortuga llamada Van Rap

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Esta tortuga se ha presentado en la puerta de mi cabaña.
He dado por hecho que su brújula interna estaba averiada, así que apoyada sobre mi mano la he llevado a la orilla del mar para que entrara en su medio natural.
Cada vez que la depositaba en la arena espumosa volvía a darse la vuelta para correr en dirección contraria a las olas.
Una vez, dos, tres….
La cuarta vez una ola le ha dado la vuelta y entonces lo he entendido todo.
Tres letras grabadas en la parte inferior de su concha …
GdC.

Anne

Día 200: El mar y sus globos de celebración

globos leeuwin

Y como si la naturaleza fuera todavía más sabia de lo que es, cómo si el Universo al completo se hubiera confabulado a mi favor y no en mi contra, hoy, en el día de mi 200 aniversario en este paraíso rodeado de mar, el mar me ha traído un regalo que por extraño es todavía mejor bienvenido.

Y es que aunque estoy acostumbrada a todo tipo de regalos de marea, una montaña de globos de colores se me antoja como un detalle especial, un objeto que llega a Cabo Leeuwin en un momento de epifanía.

Gracias a los cielos, a la luna y sus mareas, gracias a los que dejaron volar estos huevos de aire para que llegaran a mi, no ayer ni mañana, sino justamente hoy.

Anne

Día 163: Luz mágica en Cabo Leeuwin

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Hay días en los que mi Cabo Leeuwin parece un lugar más mágico que real, uno de esos paisajes que solo aparecen en los sueños  y que al despertar ya se han desvanecido.

A pesar de ser un paraíso, este lugar no siempre es paradisíaco, a veces el hambre y el aislamiento lo disfrazan de salvaje bestia, y entonces ya no hay paraíso paradisíaco que valga. Es como si el mar se borrara, como si el verde selva se convirtiera es gris de nube de tormenta.

Pero hoy el amanecer me ha sorprendido tras una noche de insomnio y a pesar del sueño, el cansancio y el hambre, hoy me he dado cuenta, de nuevo, de que vivo en el paraíso.

Anne

 

Día 147: Una ventana abierta al mar

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Ya nada es igual, mi nueva ventana está lista y desde ella veo el mar. 

Podría verlo desde cualquiera de los rincones de mi Cabo Leeuwin, podría mirar mi gran azul desde Playa Sillón, Playa Piedras, o desde la Cueva de los Petroglifos, pero por alguna extraña razón necesitaba verlo a través de una ventana.

Hoy soy feliz y no tengo demasiado hambre.

Veremos que pasa mañana.

Anne

 

Día 109: Ya he encontrado a la tortuga

Et voilá….

Después de haber visto sus huellas en la arena, después de soñar con sus huevos estampados contra la base de mi única sartén, al final he conseguido encontrar a la tortuga que dejó escrita su marca en una playa de Cabo Leeuwin.

Hoy que la temperatura del agua ha sido benévola invitándome a la aventura fría y húmeda de nadar dentro de ella. 

Ahora me duele todo el cuerpo, tengo la piel como una gallina desplumada, mis labios están tan morados como el corazón de una nueva fruta que no me atrevo a probar.

Estoy cansada y congelada pero…la tortuga Leeuwin está en la cabaña conmigo.

🙂

Anne y su tortuga gigante.