Día 101: Una pala….un tesoro

Mi nuevo tesoro….una pala Leeuwin

Los tesoros en Cabo Leeuwin no están hechos de oro ni de piedras preciosas. No valen grandes fortunas ni se guardarán en ningún museo. Nada de eso.

Aquí los tesoros son utensilios que me hacen la vida más fácil, y por eso quiero celebrar que hoy, mi día 101, la marea ha desenterrado una pala que debió llegar arrastrada por las corrientes.

La madera de su mango está dañada, pero la naturaleza salvaje de mi isla pondrá a mi alcance alguna cera para mimar su fibras. La voy a cuidar como si fuera la piel de mi cara.

Gracias, gracias a este mar que me da la vida y que con sus regalos me la facilita día a día…

Anne y su pala

Día 95: Mar salvaje…mi mar

Hoy mi mar no está para contemplaciones.

Se ha despertado con la furia de los días de tormenta, con la ansiedad de las mareas que se agitan con la luna llena.

Hace frío y el agua está helada, pero aunque el calor me devorara las entrañas no me bañaría….no puedo luchar con este ser disfrazado de mar.

Anne

Día 78: Mi sillón de madera en playa norte

Dentro de mi paraíso tengo una serie de lugares dedicados a la observación del mar. Son espacios en los que la naturaleza y los elementos me han ayudado a crear líneas que se adaptan a las formas de mi cuerpo.

Este es mi sillón de madera colocado ( gracias a una fuerte marea) en playa norte. No es un Diamond ni un Wassily pero su valor es inmensamente mayor.

Lo llamo Fauteuil Leeuwin y sentada sobre él he pasado largas horas con la mirada perdida en un horizonte tan plano como mi vientre.

Pronto cumpliré un año en este lugar….mi suerte no tiene límites. Mi único límite es mi piel.

Anne

Día 73: Castillo de arena made in Cabo Leeuwin

Mi castillo de arena en Cabo Leeuwin

 

En mi paraíso hay dos elementos que nunca se terminan, el agua salada y la arena.

¿Y por qué no ? Me he dicho esta mañana. En Cabo Leeuwin tengo casi de todo, menos de una gran mayoría de cosas que poco a poco veo que tampoco necesito.

Tengo mucho, me falta más, pero hoy he querido construir mi propio castillo de arena.

Y ahí está, en la palma de mi mano. Un arte efímero que ha durado lo que duran los sueños en brazos de Morfeo. Mi sueño sueño se ha hecho realidad realidad.

Ummm j’adore.

Anne

 

Día 66: Entre el cielo y la tierra

Entre el cielo y el suelo... está mi mar Leeuwin

Oscurece tan rápido que tengo que llegar a tientas a mi cabaña. Dejo atrás un mar salvaje que me ha ocupado toda la tarde, obligándome a mirarlo y a sentir su fuerza como un caballo desbocado.

Mi mar, el mar que rodea como un falso amante a mi Cabo Leeuwin, se ha despertado valiente esta mañana y no ha dejado de rugir. Haga lo que haga sus gritos me taponan los oídos saturados de viento y sal. Lo oigo sin escucharlo y si quedara en silencio sería un silencio espeso y marino.

Entre el cielo y mi suelo hay algo que soy yo misma. Está mi isla que es un oceáno de tierra envuelto en vapores que ocultan sus formas.

Me voy a dormir y no necesito nanas de sirenas, tengo el canto espumoso del agua que golpea los cimientos de mi paraíso.

Buenas noches.

Anne

Dia 61: Mi piedra rosa

No todo es arena.
También tengo una pequeña zona de la isla con enormes piedras. Una esta pintada de rosa.
Es mi piedra de los deseos. Voy allí, me siento y pido imposibles.

Por ahora funciona y sigo en cabo Leeuwin.

Anne

Dia 52: Hoy toca meditar

Hoy no voy a escribir mucho. Estoy cansada y tengo que irme a dormir.

Mañana quiero relax, solo mirar el mar que me rodea y dejar pasar las horas.

Echo de menos un libro .

Anne

Día 24: Ya tengo terraza….y de conchas

Ya tengo terraza

Mi despertar ha sido como recuperar la primavera, como esperar su llegada de pie en lugar de quedarme tumbada.

Las tormentas caídas en mi ausencia corporal han hecho destrozos en mi isla, el viento, la lluvia, más viento y quizás olas gigantes han barrido mi antigua cabaña. Tendré que empezar desde un nuevo cero, un cero plus.

Y hoy con el sol que me ha golpeado con su calor, que ha dado un nuevo toque a mi piel blanquecina, me he puesto manos a la obra para dar rienda suelta a mi espíritu que permanecía dormido.

He recogido conchas enormes que no me explico de donde han salido, las he limpiado a conciencia para evitar la presencia de ocupantes con patas y he diseñado mi propio jardin.

Una valla de conchas sobre un mar que podría ser de cesped, pero que prefiere su estado acuoso.

Anne