Día 286: Luna roja, marea y mejillones

Mejillones Leeuwin

 

Como dice el refrán “No hay mal que por bien no venga” :

MAL:

El mal no es un mal verdadero, es simplemente la constatación de que “si duermes mucho te lo pierdes todo”, y lo que yo me he perdido es la visión de la luna roja de la que todos hablan. Una luna descomunal que ha debido apropiarse del cielo de Cabo Leeuwin como si de un meteorito rojo se tratara, un tomate gigante y redondito, un disco de papaya madura, un espectáculo digno de ser visto y más desde un lugar como éste, un lugar alejado de las luces del mundo, un paraíso en el que el cielo forma 180º de realidad mágica.

BIEN:

Después de dormir hasta las mil, me he despertado con una tremenda paz instalada debajo de mis cejas. Me he levantado despacito y he recorrido la cueva de los nadadores, pasando los dedos junto a las figuras que alguien hace siglos dibujó.

Al llegar a la cabaña todo parecía haber cambiado, era como si el mar se hubiera asustado, retrocediendo como un animal con la cola entre las piernas. El paisaje era tan distinto que me he pellizcado para verificar que no era un sueño. Me ha dolido. Estaba despierta. Era la primera marea baja que veía en Cabo Leeuwin. La responsable, sin duda, la luna roja.

El bien que ha venido es una roca al descubierto llena de mejillones. El bien es comida.

Gracias Luna.

🙂

 

Día 254: Relojes fuera

Relojes Leeuwin

Desde que estoy en Cabo Leeuwin colecciono los relojes que me trae la marea, estén como estén, sean como sean. No me importa que carezcan del cristal de protección ni de la tapa. Incluso que hayan perdido las agujas no los convierte en inservibles.

Todos sirven a mi único propósito de saber que un día marcaron el tiempo para alguien, un alguien que un día los perdió mientras recogía redes, pescaba con caña o quizás cuando hacía del mar su mortaja.

Yo los guardo en una caja, cerraditos, pero de vez en cuando los saco uno a uno, los lavo con agua dulce de las pozas y tras dejarlos secar a la sombra, los pongo a salvo en su guarida de madera, no sin antes decirles que cuidaré de ellos como si siempre hubieran sido míos, como si sus anteriores propietarios nos los hubieran perdido, ni abandonado, como si sus dueños no se hubieran ahogado en el mar tras una terrible tormenta.

Anne

Día 230: Mejillones Leeuwin y la reina Zenobia

Mejillones Leeuwin

Tras varios días en los que el hambre y yo hemos formado una pareja de hecho muy mal avenida, una extraña marea baja ha dejado al descubierto un paraíso comestible.

Si. Esto no es una visión. Esto es una realidad como un templo, como el templo de Bel en Palmira. Y yo, Anne, me siento como si fuera la reina Zenobia a punto de llorar ante la perspectiva de un festín monotemático a base de mejillones.

Gracias Luna por el espectáculo.

Gracias por llenar mi estómago con un manjar vestido de color naranja.

Anne

Día 207: Regalos de marea no deseados

regalo de marea Leeuwin

Regalos de marea…

Mi eterno Leitmotiv, mi plegaria más recurrente, mi mayor preocupación una vez que la comida está asegurada. Y claro, al final, tanto pedir tanto pedir, la providencia ha hecho de las suyas diciendo:

  • ¿Quieres regalos de marea?
  • Pues toma.

Ahora me queda por delante una tarea ingente:

  1. Buscar mis botas de invierno (para pisar sin peligro)
  2. Separar los objetos útiles de la madera ( más útil todavía)
  3. Recoger los metales oxidados y enterrarlos
  4. Convencer a la Pandilla Noé para que se queden lejos del “regalo de marea”
  5. Devolver los objetos flotantes al mar ( quizás mis vecinos de Playa Vecinos los necesiten)
  6. Convencer a Elefante Magneto de que él está incluido en la Pandilla Noé
  7. Buscar libros. Secarlos. Este punto es el nº 1.
  8. ….

Me gusta imaginar que hay mil tesoros entre lo que podría parecer un vertedero. Mil secretos que han viajado con la marea y que gracias a la luna han llegado hasta Cabo Leeuwin. Mil opciones. Mil posibilidades.

Anne

Día 200: El mar y sus globos de celebración

globos leeuwin

Y como si la naturaleza fuera todavía más sabia de lo que es, cómo si el Universo al completo se hubiera confabulado a mi favor y no en mi contra, hoy, en el día de mi 200 aniversario en este paraíso rodeado de mar, el mar me ha traído un regalo que por extraño es todavía mejor bienvenido.

Y es que aunque estoy acostumbrada a todo tipo de regalos de marea, una montaña de globos de colores se me antoja como un detalle especial, un objeto que llega a Cabo Leeuwin en un momento de epifanía.

Gracias a los cielos, a la luna y sus mareas, gracias a los que dejaron volar estos huevos de aire para que llegaran a mi, no ayer ni mañana, sino justamente hoy.

Anne

Dïa 195: Un palet roto… ¿a la hoguera?

palet

Como si de un barco huérfano de velas se tratara, hoy la marea me ha traído un palet, un palet roto.

Ayer por la tarde no estaba, Playa Dulce aparecía limpia y vacía, ni restos de algas ni medusas ni palos de escoba. Imagino que con la noche llegó este pasajero de madera para hacer de mi hoy un hoy especial.

¿Qué puedo hacer con él?  Lo más fácil sería depositarlo en brazos de una hoguera, conseguir calor, luz, protección y una sopa de pescado caliente, pero no voy a hacerlo. Ha recorrido miles de millas para quedarse varado en Cabo Leeuwin y no es justo convertirlo en cenizas.

¿Qué uso le doy a mi nuevo palet ?

Brainstorming:

* Aislante para el suelo de la cabaña

* Panel para dejarme notas a mi misma

* Atalaya para mirar el horizonte desde 10 cm más arriba

* Escultura con madera

* Dejarlo donde está y llamar a ese trozo de Playa Dulce, Playa Palet

* Devolverlo al mar

Creo que al final lo usaré para todo. Primero hacer, luego deshacer. Y al final, si me canso, o tengo más hambre de lo normal, o tengo frío, se lo daré a Hefesto.

(Nota: Si lo devuelvo al mar y se cansa de flotar se irá al fondo. Si se va al fondo se podría atascar con la sonda de barrido lateral del GdC y eso no sería bueno.)

Anne

Día 194: La manzana que llegó con la marea

Manzana marea

Hoy de nuevo la providencia se ha sentado a mi lado y juntas hemos encontrado en Playa Sur este regalo de marea.

Una manzana. Una ex-manzana. Una manzana en fase de no-manzana.
Qué demonios….c-o-m-i-d-a.

Una manzana que cayó desde algún barco, que voló por el aire desde la cubierta hasta el agua, y que tras una larga travesía vino a morir en Cabo Leeuwin.

Aunque quizás no se cayó de la mano de nadie, tal vez alguien la lanzó lejos, porque estaba fea, porque sobraba, porque los delfines comen manzanas sólo si están muy frescas.

Voy a vestirme de Eva, al fin y al cabo comer una manzana podrida no es P-E-C-A-D-O.

Desde Cabo Leeuwin,
Anne

Día 175: ¿Sube y baja o dragón?

Tobogan  Leeuwin

Doy gracias a la marea por traerme este regalo que parece un sube y baja,

pero que realmente…..

es

un

DRAGON.

Mi dragón Leeuwin.

Anne

(la familia crece)

Día 162: Una botella de Coca Cola vacía

Imagen

Hace tanto tiempo que no bebo Coca-Cola, que la llegada de una botella que-parece-de-Coca-Cola se me antoja como un tesoro hecho de oro y diamantes.

¿Y cuál es el problema?

El problema principal y fundamental y digamos que único es que la botella está vacía. Vacía. Vide. Leer. Deshabitada de ese líquido oscuro y lleno de burbujas. 

¿Para qué demonios me sirve una botella de cristal que sólo me recuerda lo que no es ?

Para nada….

Ya tengo un florero. Me voy a por flores.

Anne

Día 128: La marea me trae zapatos

Regalos de la marea
Regalos de la marea

 

Estoy convencida de que cuando no esperas nada, es cuando esa nada se convierte en un gran regalo.

Hoy en mi paseo por la zona oeste de la isla ( Playa Piedras) he tenido una visión que parecía más propia de mi hambre atrasada, que de una posible realidad. Cuando los he tocado con mis manos secas y arrugadas he sentido que Dios existía y que en el fondo me estaba cuidando.

Zapatos, zapatos que la marea me había regalado. Zapatos en perfecto estado. Tres. Un par y medio.

Mis pies, de haber podido,  hubieran  llorado al sentirlos a su alrededor. Placer. Fe y esperanza  fabricadas en caucho.

Anne