Día 286: Luna roja, marea y mejillones

Mejillones Leeuwin

 

Como dice el refrán “No hay mal que por bien no venga” :

MAL:

El mal no es un mal verdadero, es simplemente la constatación de que “si duermes mucho te lo pierdes todo”, y lo que yo me he perdido es la visión de la luna roja de la que todos hablan. Una luna descomunal que ha debido apropiarse del cielo de Cabo Leeuwin como si de un meteorito rojo se tratara, un tomate gigante y redondito, un disco de papaya madura, un espectáculo digno de ser visto y más desde un lugar como éste, un lugar alejado de las luces del mundo, un paraíso en el que el cielo forma 180º de realidad mágica.

BIEN:

Después de dormir hasta las mil, me he despertado con una tremenda paz instalada debajo de mis cejas. Me he levantado despacito y he recorrido la cueva de los nadadores, pasando los dedos junto a las figuras que alguien hace siglos dibujó.

Al llegar a la cabaña todo parecía haber cambiado, era como si el mar se hubiera asustado, retrocediendo como un animal con la cola entre las piernas. El paisaje era tan distinto que me he pellizcado para verificar que no era un sueño. Me ha dolido. Estaba despierta. Era la primera marea baja que veía en Cabo Leeuwin. La responsable, sin duda, la luna roja.

El bien que ha venido es una roca al descubierto llena de mejillones. El bien es comida.

Gracias Luna.

🙂

 

Día 230: Mejillones Leeuwin y la reina Zenobia

Mejillones Leeuwin

Tras varios días en los que el hambre y yo hemos formado una pareja de hecho muy mal avenida, una extraña marea baja ha dejado al descubierto un paraíso comestible.

Si. Esto no es una visión. Esto es una realidad como un templo, como el templo de Bel en Palmira. Y yo, Anne, me siento como si fuera la reina Zenobia a punto de llorar ante la perspectiva de un festín monotemático a base de mejillones.

Gracias Luna por el espectáculo.

Gracias por llenar mi estómago con un manjar vestido de color naranja.

Anne