Día 391: Niebla en el paraíso

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Hay veces en las que al despertarte ya sabes que el día es tan gris, como el gris más grisáce0 del mundo. Lo notas al abrir los ojos, lo percibes en la luz que se cuela por esa mini ventana que te permite ver lo que pasa fuera de la cabaña.

Cabo Leeuwin está abrazando el otoño que por fin se ha instalado en la isla como un huésped fijo. Los días se están enfriando y el cielo ha cerrado a cal y canto el acceso al sol que ha sido un compañero fiel y cargante durante todo el verano.

Antes de que llegue Noviembre tendré que trasladarme a la cueva de piedras calientes, allí es más fácil sobrevivir al invierno. Es un lugar oscuro pero no hace frío. Creo que es bueno alejarse de la orilla del mar cuando las tormentas hacen su entrada en escena. Allí estaré bien y lo sé.

Me voy a buscar madera.

Anne

Día 363: Otoño…acercándose

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Es una sensación rara,  un pálpito, es como empezar a notar un mínimo cambio imperceptible para casi todos.

El calendario diría que falta un mes, el centro de nuestro sistema solar lo confirmaría, la temperatura del agua sería el colofón final.

Estamos en verano pero este guerrero de fuego se está batiendo en retirada.

Lo sé.
Lo noto.
Se acerca el otoño y sé que este año será una estación extraña.

Día 293: Regalos de marea que rompen dedos

Balón regalo de marea Leeuwin

El otoño es una estación complicada, un cambio gigante que llega poco a poco mientras el sudor del verano se evapora y todo empieza a cambiar como si la vida fuera una serpiente mudando de piel.

Esta semana mientras me estaba recuperando de schock, recibí un regalo de marea no comestible, un regalo redondo que prometía un otoño de deporte y risas.

La pandilla Leeuwin empezaba a tomar clases de voley de la mano ( mejor dicho de la trompa) de Ganesha. La isla en ebullición, mis pulmones preparados, Farinelli de colocador, rodilleras para todos, Marcos el calderón mirando desde la orilla y de repente….. clack.

Bingo. Dedo roto.

No importa, me quedan nueve para empezar a pescar pasivamente con mi nueva nasa.

🙂

Día 280: Secando libros al verde

Libros Leeuwin al verde

Y a veces, solo muy de vez en cuando, cuando el sol se arrodilla y el triunfo de las sombras lo cubre todo, llegan a mi cabeza extrañas melodías minimalistas que como un mantra se apoderan de mis pensamientos.

Y entonces y sólo entonces se que ha llegado el momento de prepararse para los cambios.

Pronto el sol dejará de ser el dueño del fuego y las horas de luz regirán mi vida en Cabo Leeuwin. Pronto dejaré de quejarme por el calor, por mi piel manchada, por mi pelo de paja seca, por el sudor que me ha acompañado como un traje demasiado apretado.

Y cuando esto suceda aprenderé a leer con la luz de las velas, y me quemaré la vista un poco más, y soñaré con los ojos abiertos y rojos, muy rojos.

Hoy, aprovechando los últimos rayos de sol, he puesto mis libros a secar al verde. Para blanquearlos, para que mueran sus hongos, para que los ácaros que viven en su polvo no me atraviesen las entrañas mientras los leo.

Leer en otoño

es

como

leer a oscuras.

Día 268: Mi mar se vuelve gris

Y como quien no quiera la cosa ….

….el verano comienza a alejarse de puntillas, sin hacer ruido, con pasitos de bebé.

Y de la misma forma el otoño se está colando entre las olas de Cabo Leeuwin, y de repente todo parece más gris, más apagado, los movimientos frenéticos del verano están dando paso ( como quien no quiere la cosa) a un ritmo lánguido que me acerca a los días oscuros que están por llegar.

Tanto soñar con el fin del verano…y ya está. C’est fini.

Anne

Día 122: El otoño pone el pie en Cabo Leewuin

 

Como un conquistador de los de antaño, el otoño ha desembarcado en Cabo Leeuwin con las ganas del que viene para quedarse.

Ha empezado barriendo el azul del cielo con su capa gris, bajando la temperatura del agua y la del aire, que huérfano de sol se pasea por la orilla vistiendo de frío todo lo que encuentra a su paso.

Y pronto llegarán las lluvias y mi cabaña luchará por mantenerse en pie.

Tengo muchas que hacer. El otoño es una estación difícil para los náufragos….

Día 60: Y llega el frío y yo me congelo

El frío se marca en mi piel

Y de repente el otoño se echa encima de mi Cabo Leeuwin. Llega el frío y la amenza de los días cortos. Tristes. Oscuros.

No tengo ropa para protegerme si la temperatura baja demasiado. Tendré que cruzar los dedos y pedir que la marea me traiga de nuevo los restos de un naufragio. Necesito velas para hacerme un vestido de invierno con tres capas.

Hace semanas que las velas se terminaron y me veo obligada a llevar el mismo horario de las estaciones. Cuando se va el sol, me voy yo. Cuando sale el sol, nazco de nuevo.

Me da pereza este otoño de frío que me mira desde las hojas de las palmeras.

Anne