Día 267: Noche de tormenta Leeuwin

Qué nadie piense que me asustan las tormentas porque no es así.

No me dan miedo, no me inquietan ni lo más mínimo, soy totalmente inmune al terror que generan en otras personas. Para mi es como si fueran un juego de niños. Nada. Rien du tout.

Y es que vivir una tormenta en una isla desierta, dormir en una cabaña en la que la impermeabilidad es una utopía, escuchar el mar enfurecido y los árboles batiendo sus ramas contra un ejército hecho de viento, es difícilmente explicable.

Si a esto le unimos que en noches como ésta los miembros de la Pandilla Noé se refugian aterrorizados bajo mi techo colador, que todos y cada uno tiemblan como montañas de gelatina, que emiten ruiditos con cada trueno, con cada relámpago, el resultado parece más cómico que terrorífico.

Pero si no tuviera que fingir confesaría que yo también les tengo pavor, miedo atávico, inconmensurable, y no es por los ruidos ni por las luces que iluminan la noche en Cabo Leeuwin, sino porque una gran tormenta podría borrar mi paraíso de la faz de la Tierra….

….y si me quedara sin paraíso …. me quedaría huérfana.

Anne

Día 240: La libertad de la distancia

playa leeuwin

Ahora que el verano ha dado de lleno con este planeta llamado Tierra, se que la única y exclusiva razón por la que mi paraíso está libre de las avalanchas humanas, es por la distancia que lo separa del resto del mundo habitado.

Se que estas playas vírgenes se verían mancilladas por no-naúfragos, muertos y penados por teñirse de negro bajo un sol potencialmente melanómico.

Se que la pandilla Noé tendría que subirse a los árboles o desaparecer en el interior de la isla para no ser vista, para evitar que la marabunta confundiera a sus miembros con seres mágicos y se los arrebatara a Cabo Leeuwin.

Gracias que los mapas se borraron y las brújulas son incapaces de indicar el camino hacia este lugar.

Anne ( a salvo )

Día 200: El mar y sus globos de celebración

globos leeuwin

Y como si la naturaleza fuera todavía más sabia de lo que es, cómo si el Universo al completo se hubiera confabulado a mi favor y no en mi contra, hoy, en el día de mi 200 aniversario en este paraíso rodeado de mar, el mar me ha traído un regalo que por extraño es todavía mejor bienvenido.

Y es que aunque estoy acostumbrada a todo tipo de regalos de marea, una montaña de globos de colores se me antoja como un detalle especial, un objeto que llega a Cabo Leeuwin en un momento de epifanía.

Gracias a los cielos, a la luna y sus mareas, gracias a los que dejaron volar estos huevos de aire para que llegaran a mi, no ayer ni mañana, sino justamente hoy.

Anne

Día 182: Tiro la casa por la ventana

fiesta en leeuwin

Para encontrar el paraíso a veces tan solo es necesario disponer de alimentos que nos acerquen al nirvana.

Hoy y ahora he decidido quemar mis barcos, vaciar mi despensa, confiar en la providencia para que mañana la naturaleza me regale provisiones, que compensen la pérdida de este stock de seguridad que estoy a punto de fusilar.

Espero que alguien bendiga la mesa, porque ante esta visión he olvidado todas las oraciones…

Anne ( pecando de gula)

Día 163: Luz mágica en Cabo Leeuwin

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Hay días en los que mi Cabo Leeuwin parece un lugar más mágico que real, uno de esos paisajes que solo aparecen en los sueños  y que al despertar ya se han desvanecido.

A pesar de ser un paraíso, este lugar no siempre es paradisíaco, a veces el hambre y el aislamiento lo disfrazan de salvaje bestia, y entonces ya no hay paraíso paradisíaco que valga. Es como si el mar se borrara, como si el verde selva se convirtiera es gris de nube de tormenta.

Pero hoy el amanecer me ha sorprendido tras una noche de insomnio y a pesar del sueño, el cansancio y el hambre, hoy me he dado cuenta, de nuevo, de que vivo en el paraíso.

Anne

 

Día 144: Restos de naufragios inútiles

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Restos de otros naufragios

Hay días en los que no encuentro nada útil en ninguna de las playas de mi isla, busco y rebusco y al final termino con el ánimo a la altura de las olas.

Hoy este trozo de madera me habla de otros navegantes con suertes mucho peores que la mía, al fin y al cabo llegar a Cabo Leeuwin fue mi salvación y no mi muerte.

Bendito paraíso.

Anne