Día 322: Globo Montgolfier Leeuwin

Globo flotando Cabo Leeuwin

HOY la mañana se ha despertado fría, muy fría, tanto que desde mi atalaya en la puerta de la cueva me he planteado una vuelta rápida a mi lecho de piedras calientes. Y así hubiera sido de no ser por la insistencia de Alnitak para que le siguiera hasta la playa.

Al llegar me he encontrado a la Pandilla Noé mirando extasiada hacia el océano, como si estuvieran viendo un eclipse de sol o un visitante de otro planeta.

El motivo:

Un globo aerostático posado sobre el mar y con la cesta completamente hundida.

En ese momento el frío que ya sentía se ha convertido en hielo, no se si por el miedo o por la idea de meterme en el agua gélida y nadar hasta él con la esperanza de recuperarlo  arrastrándolo hasta la playa.

Si al peso de la cesta mojada y semihundida le unimos el peso de los cilindros de propano, y el de la tela descomunal cubierta de agua, necesitaríamos un remolcador que no tenemos. Ni toda la pandilla Noé tirando a la vez sería capaz de moverlo…

No nos queda otra que cruzar los dedos y esperar que la marea haga el trabajo…

Anne

 

Día 293: Regalos de marea que rompen dedos

Balón regalo de marea Leeuwin

El otoño es una estación complicada, un cambio gigante que llega poco a poco mientras el sudor del verano se evapora y todo empieza a cambiar como si la vida fuera una serpiente mudando de piel.

Esta semana mientras me estaba recuperando de schock, recibí un regalo de marea no comestible, un regalo redondo que prometía un otoño de deporte y risas.

La pandilla Leeuwin empezaba a tomar clases de voley de la mano ( mejor dicho de la trompa) de Ganesha. La isla en ebullición, mis pulmones preparados, Farinelli de colocador, rodilleras para todos, Marcos el calderón mirando desde la orilla y de repente….. clack.

Bingo. Dedo roto.

No importa, me quedan nueve para empezar a pescar pasivamente con mi nueva nasa.

🙂