Día 254: Relojes fuera

Relojes Leeuwin

Desde que estoy en Cabo Leeuwin colecciono los relojes que me trae la marea, estén como estén, sean como sean. No me importa que carezcan del cristal de protección ni de la tapa. Incluso que hayan perdido las agujas no los convierte en inservibles.

Todos sirven a mi único propósito de saber que un día marcaron el tiempo para alguien, un alguien que un día los perdió mientras recogía redes, pescaba con caña o quizás cuando hacía del mar su mortaja.

Yo los guardo en una caja, cerraditos, pero de vez en cuando los saco uno a uno, los lavo con agua dulce de las pozas y tras dejarlos secar a la sombra, los pongo a salvo en su guarida de madera, no sin antes decirles que cuidaré de ellos como si siempre hubieran sido míos, como si sus anteriores propietarios nos los hubieran perdido, ni abandonado, como si sus dueños no se hubieran ahogado en el mar tras una terrible tormenta.

Anne

Día 149: Mi reloj marca mis horas

Imagen

 

Tengo un nuevo reloj. Mejor dicho, tengo un reloj que no es nuevo.

Mi reloj es de bolsillo, era de bolsillo, sigue siendo de bolsillo pero como dichos habitáculos han desaparecido de todas mis prendas, jamás lo guardo en uno de ellos. Por eso mi reloj es de árbol, de roca, de arena, a veces es de cabaña, de hierbas junto al manantial. Lo único que evito es que mi reloj sea de agua.

Desde que tengo reloj me levanto tarde, me salto las horas de la comida o del hambre, me nacen las tortugas antes de comerme los huevos. Desde que tengo reloj me pasa de todo y todo lo que no me sucedía viviendo según los tiempos de la naturaleza de mi Cabo Leeuwin.

Da igual. Tengo un reloj.

Anne

Dia 62: Mi reloj de sol detecta cambios

Hoy algo raro ha sucedido.

Me he despertado con el ruido de mi estomago, he ido al río y todo parecía
distinto.

La luz ha cambiado. Mi reloj solar indica que es la misma hora que ayer.

Algo esta pasando con el amanecer en mi Cabo Leeuwin…

Anne

Día 39: Espero la llegada de la luna llena

Luna llena desde mi isla

No es por llevar la contraria, pero la llegada de la luna nueva sólo me gusta por su calidad de anunciante del acercamiento de otro momento especial…..la luna llena.

Desde mi base de observación miro el mar cada noche, pero ya no busco una figura que recorte la horizontalidad de mi horizonte, ya no quiero ver un barco, ni dos, ni tres, ahora sólo quiero mirar para ver la belleza que se esconde más allá de los límites de mi playa.

Y ahora me toca esperar dos semanas, un período que ya no es medible ni controlable, se ha borrado el reloj pintado en mis pies y voy algo despistada. No se a que hora levantarme ni cuando me toca comer. Me cepillo el pelo todos los días y sólo como nonis con ralladura de coco.

Pronto llegará mi luna llena, pronto la veré tan grande con la boca de un diablo bueno, me gustará tener la balsa preparada pero sólo para disfrutar del viento, para ver como el vestido blanco que hace de vela mayor se traga la brisa que peina las canas de la luna.

Me siento y respiro hondo.

Anne

 

Día 28: Un reloj pintado en mis pies

Mis pies pintados son un reloj de sol

El cambio horario ha llegado también hasta mi isla, y es raro que la medida del tiempo tenga sentido en un lugar como éste.

¿Para que medir el tiempo cuando dispones de él como de un mineral inagotable? ¿Para qué controlar su paso?

He decidido que para mi y para mi vida en la isla necesito saber con cierta exactitud en que hora del día me encuentro. Es la única forma de no dejarme llevar por la pereza y la dejadez que luchan por hacerse un hueco amplio dentro de mi.

No tengo reloj ni otras formas de reconocer las horas con la ayuda del sol, no tengo paredes ni se como hacer uno para que el astro rey me ayude a medir, asi que, he diseñado un sistema nuevo.

He pintado un reloj en mis pies con la henna que yo misma fabrico. Es una joya que tengo que retocar cada cierto tiempo.

Mi reloj va siempre conmigo, camina a mi lado. ¿No es genial?

Anne