Día 287: Lluvia que no cesa

 

De todos los fenómenos meteorológicos que pueden romper la monotonía de Cabo Leeuwin, la lluvia es quizás el que menos me apetece ( dejando a un lado el calor sofocante + humedad > 95 %) .

Y no siento rechazo por el cielo gris, el mar gris, y un atmósfera tan triste que dan ganas de escribir poesía, sino porque la estanqueidad ha hecho de mi su mayor enemiga.

Mi cabaña es tan permeable que a veces me pregunto si no sería mejor vivir en la cueva de los nadadores (al menos durante el otoño). Tengo que pensarlo y pensarlo pronto….

Mis botas son robustas pero el agua entra por las suelas llenas de agujeros. No tengo gorro, no tengo impermeable, mi vestido de vela de mesana es lo único que me mantiene medianamente seca.

Con este panorama pronto cogeré un resfriado y los herpes labiales me afearán hasta parecer una falsa enferma de escorbuto.

Decidido:  mañana convocaré a la Pandilla Noé y trasladaremos mi residencia hasta la zona de cuevas.

Al final vamos a parecer un portal navideño …

🙂