Día 267: Noche de tormenta Leeuwin

Qué nadie piense que me asustan las tormentas porque no es así.

No me dan miedo, no me inquietan ni lo más mínimo, soy totalmente inmune al terror que generan en otras personas. Para mi es como si fueran un juego de niños. Nada. Rien du tout.

Y es que vivir una tormenta en una isla desierta, dormir en una cabaña en la que la impermeabilidad es una utopía, escuchar el mar enfurecido y los árboles batiendo sus ramas contra un ejército hecho de viento, es difícilmente explicable.

Si a esto le unimos que en noches como ésta los miembros de la Pandilla Noé se refugian aterrorizados bajo mi techo colador, que todos y cada uno tiemblan como montañas de gelatina, que emiten ruiditos con cada trueno, con cada relámpago, el resultado parece más cómico que terrorífico.

Pero si no tuviera que fingir confesaría que yo también les tengo pavor, miedo atávico, inconmensurable, y no es por los ruidos ni por las luces que iluminan la noche en Cabo Leeuwin, sino porque una gran tormenta podría borrar mi paraíso de la faz de la Tierra….

….y si me quedara sin paraíso …. me quedaría huérfana.

Anne

Día 251: Lluvia acercándose a Cabo Leeuwin

LLuvia llegando a Cabo Leeuwin (2)

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Me gustan las promesas de cambio que se descubren en el cielo

porque son como un libro abierto.

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No hay posibilidad de duda, no la hay en absoluto, y es que cuando vives en una isla como ésta y conviertes sus orillas en los limites de tu Universo, la observación del CIELO es tu biblia apócrifa.

Por eso hoy mi biblia me anuncia la llegada de la lluvia, ese milagro que me dará una tregua, que aplacará el calor, que regará mi huerto y pondrá a prueba la resistencia de mi nuevo aislamiento para el techo de la cabaña de iniverno.

Tengo verdadera necesidad de observar un cielo gris y apagado, estoy saturada de soles amarillos, de días resplandecientes, del exceso de luz que borra el color y lo viste todo de blanco.

Quiero que el agua me caiga desde cielo sin necesidad de soñarla debajo de mi nueva/antigua ducha. Agua fría y agua dulce, agua sin control, vertical y reparadora.

Prometo no esconderme para protegerme de ella, prometo sentarme en mi sillón de madera en Playa Norte y dejar que me envuelva. Qué me moje el pelo y empape mi vestido «vela de mesana».

Ya se levanta el viento.

Cierro los ojos y espero…..

Anne

Día 228: Secando libros en árboles

libros secandose en arbol leeuwin

Después de una tormenta todos y cada uno de mis objetos están mojados, así que tan pronto como cesa la lluvia y el sol se hace un hueco en el cielo, los alrededores de la cabaña se convierten en un inmenso secadero al aire libre.

Mi vela de mesana está dedicada a proteger eso-que-yo-llamo-colchón, por lo que los libros que encontré en Cueva Luminosa se convierten en pasto de las goteras.

Como a los hongos bibliófagos les gusta el sol, no me queda otra opción que tender los libros…a la sombra.

Anne ( después de las tormentas)

Día 226: Lo que me gusta de las tormentas

Tormenta en Cabo Leeuwin

Lo que me gusta de las tormentas son los preliminares, esos justos instantes en los que el silencio asfixiante se rompe, y el viento aparece de la nada como si nunca hubiera existido; cuando las restos secos que ha traído la marea empiezan a correr delante de ti dando vueltas sobre si mismos, como poseídos por una energía cinética desconocida.

Me gusta ver como el calor antiguo se desvanece y la temperatura cae en picado. Como se pasa del fuego al hielo en un instante en el que el cielo se ha puesto serio, se ha vestido de gris y el mar, como buen espejo, se disfraza de hombre de negro.

Siento frío y el frío me hace sentir que no he muerto,que sigo viva, que estoy en Cabo Leeuwin, que viviré aquí para siempre porque los siempres nunca son verdaderos, los siempres humanos son temporales y eso los hace mejores.

Adoro escuchar los sonidos de las tormentas, mis carrillones de viento hechos de regalos de marea, de conchas, de piezas metálicas tan oxidadas que suenan tan huecas como las voces de los marineros ahogados en ron.

Ahora en el otro extremo de la isla, el cielo está tan rojo que parece el corazón de una sandía a punto de explotar….

Empieza a llover…me voy.

Anne

Día 199: Se acerca una tormenta

playa arbol

Con el tiempo he aprendido que el cielo azul y un mar tranquilo, puede convertirse muy rápidamente en un paisaje diametralmente opuesto.

Y es que los pequeños detalles van marcando la diferencia y tan solo con el tiempo, y muchas tormentas a la espalda, aprendes a interpretarlos adecuadamente.

Hoy es un día de esos, hoy hasta los delfines indican que se acerca una tormenta.

No se cuando llegará, pero lo que si sé es todo lo que tengo que hacer para que el agua no forme parte de mi….mi cabaña, mi cocina, mi ropa, mi pelo, mi casi bicicleta, mi fuego,…..

Anne

( egocéntrica Vs tormenta)

Día 164: Agua + Libro = Agua

Imagen

 

Hasta hoy tenía un solo libro en Cabo Leeuwin.

A partir de hoy no tengo ni un solo libro en Cabo Leeuwin.

Ahora mi antiguo único libro ha querido probar fortuna y lanzarse a las aguas del mar que rodea nuestra isla y ha pasado lo que tenía que pasar.

Agua + libro igual a ….agua

Agua+libro = agua

Será cuestión de esperar y cruzar los dedos y esperar y seguir cruzando los dedos, hasta que una nueva tormenta me traiga un nuevo libro seco-dry-trocken.

Libro+tormenta+mucha agua= agua

No me salen las cuentas…..

Anne

Dia 55: Y despues de la tempestad…

Y llega el frío y las lluvias se convierten en tempestades.
El sol ha dejado paso a los días grises y solo me queda aceptarlo y no pensar en la humedad, ni en los catarros…

La mala mar es siempre una caja de sorpresas y tal y como están las cosas por Cabo Leeuwin, necesito buenas sorpresas.

Día 43: Del calor y las lluvias

Mi tormenta de verano

Y después del calor que invade mi isla como un manto de fuego, la naturaleza ha querido darme un respiro y regalarme un baño de agua dulce caída del cielo.

He lavado mi único vestido sin quitármelo, he recogido agua con todos los cachivaches de aspecto cóncavo que tengo a mi disposición y sobre todo me he lavado el pelo con un huevo que robé en el nido de un pájaro negro.

El sol me gusta pero el calor me agobia. Estoy bien en esta isla, más que bien, estoy feliz. No quiero irme y por eso vuelvo la cara cuando el horizonte me devuelve la silueta de un barco.

Anne

Día 3: Domingo de tormenta

La tormenta de hoy....toca esperar

Me temo que hoy no va a salir el sol, en su lugar el viento huracanado y el frío van a ser mis compañeros en esta mañana la de mi tercer día en la isla.

Podría empezar a preocuparme pero he decidido no hacerlo y menos reflejarlo en éste, mi diario en la isla. En su lugar voy a pensar en lo que suele ocurrir tras una gran tormenta en el mar. Me siento y espero.

Se que mañana o pasado cuando todo este infierno de viento, agua y mar dejen paso al sol y a la calma, entonces llegará mi recompensa. Recorreré la playa para recolectar los frutos que las olas traerán hasta mi. Los restos de algún naufragio me darán vida. Necesito de todo por lo que cualquier objeto será bienvenido.

Voy a  escribir mi carta de los deseos que espero que lleguen con la tormenta.

Mientras tanto, sigo respirando.

Anne B.