Día 364: Viento sonoro

Campana de viento

Y por fin y de nuevo llega el viento, y como el viento hay que escucharlo además de sentirlo, decido construir un carillón.

Y uso conchas y guijarros que el mar ha ido vomitando sobre las arenas de Cabo Leeuwin, y les hago pequeños agujeros para pasar un sedal, y los voy colocando uno tras otro buscando el sonido más que la belleza.

Mi carillón espera la llegada del viento, con la misma ilusión que yo espero la llegada de las botellas de comida desde la otra punta del universo en movimiento.

Y es que en días como hoy, mi traductor de viento empieza a temblar, lo hace poco a poco, sin emitir sonidos, una vibración se va trasmitiendo por cada una de sus piezas hasta que por fin llega la música que me habla de otros mares, de otras islas, me habla de los pájaros que vuelan a su lado, me habla de perfumes de hogueras, me cuenta que el final del verano está a punto de llegar, que pronto vendrá la oscuridad y el frío y las costumbres sanas propias del otoño, del invierno y de la primavera.

Feliz viento 🙂

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Día 313: Viento,vent,wind,upepo

Pelo viento Leeuwin

Si tengo que elegir un fenómeno atmosférico que forme parte de mí, que me represente, que me de forma, que me haga sentir viva, ese es el VIENTO.

Y es que cuando el viento sopla desde cualquiera de los puntos cardinales de Cabo Leeuwin, mi paraíso se transforma, cambia el color de la luz, baja la intensidad del sol y el horizonte empieza a difuminarse.

Mientras las palmeras empiezan a agitar sus hojas presas del baile de San Vito, y la arena de todas las playas se revoluciona en pro del ritmo, mi pelo comienza-a-arañar-el-aire.

De repente me transformo en una Medusa sin serpientes,  de mi cabeza salen mechones de pelo disparados, desbocados, tensos. Creo que la isla al completo se convierte en un generador de Van Der Graaf fuera de control  y nada ni nadie escapa a la entropía eléctrica.

Yo me vuelvo loca.

La pandilla Noé se vuelve más loca ( si cabe).

Y el mar, que decir del MAR……..El MAR  LOCO de atarrrrrrr.  

 Anne

Día 275: Windsock Leeuwin

SIEMPRE ..

quise tener un windsock, un calcetín made in Leeuwin que me indicara la dirección del viento, como si el viento me sirviera para algo más que para sentirlo en la cara o para despeinar las lianas en las que se ha convertido mi pelo.

Y HOY, por fin, el sueño ha dejado de ser un sueño.

En la isla todos andamos como locos. La primera yo. No puedo evitar mirarlo todo el rato, para verlo hinchadito como una zanahoria gigante y voladora.

La pandilla Noé está también alborotada, aunque la mayoría no tienen muy claro para que sirve semejante artefacto.  Lo miran, dejan de mirarlo y poco más.

Solo hay tres miembros de la pandilla que no han dejado de emitir gruñidos de alegría, se miran entre ellos, chocan sus naricitas y solo al final van girando sus orejas “spinnaker ” en la dirección que les marca la manga de viento.

Hoy los cerditos nadadores son casi tan felices como yo.

Anne Windsock

Día 245: Viento para nacer de nuevo

viento palmeras leeuwin

Hoy de nuevo el viento ha convertido Cabo Leeuwin en una nuez perdida en medio del océano salvaje. Un trozo de tierra diminuta a punto de salir volando en cualquier dirección. Hoy el viento ha convertido a este lugar en lo que más me gusta de él ; un trozo de equilibrio inestable.

Y qué decir de mi, sino que creo estar más hecha de viento que de agua, como si de un pájaro humano sin plumas se tratara.

Estoy tan hecha de viento que el mismo viento me respeta. Me golpea sin rozarme los ojos, me empuja, me zarandea, me refresca, me calienta, pero nunca ataca mis ojos. A ellos los respeta porque sin ellos me quedaría muda.

¿Qué haría yo si el viento no existiera?

Tendría que imaginarlo y soñarlo cada noche para algún día saber crearlo. Porque sin él no soy ni la mitad de mi. Soy una maraña de huesos mal pegados e incompletos. Soy nadie. Soy NADA.

Anne

Día 226: Lo que me gusta de las tormentas

Tormenta en Cabo Leeuwin

Lo que me gusta de las tormentas son los preliminares, esos justos instantes en los que el silencio asfixiante se rompe, y el viento aparece de la nada como si nunca hubiera existido; cuando las restos secos que ha traído la marea empiezan a correr delante de ti dando vueltas sobre si mismos, como poseídos por una energía cinética desconocida.

Me gusta ver como el calor antiguo se desvanece y la temperatura cae en picado. Como se pasa del fuego al hielo en un instante en el que el cielo se ha puesto serio, se ha vestido de gris y el mar, como buen espejo, se disfraza de hombre de negro.

Siento frío y el frío me hace sentir que no he muerto,que sigo viva, que estoy en Cabo Leeuwin, que viviré aquí para siempre porque los siempres nunca son verdaderos, los siempres humanos son temporales y eso los hace mejores.

Adoro escuchar los sonidos de las tormentas, mis carrillones de viento hechos de regalos de marea, de conchas, de piezas metálicas tan oxidadas que suenan tan huecas como las voces de los marineros ahogados en ron.

Ahora en el otro extremo de la isla, el cielo está tan rojo que parece el corazón de una sandía a punto de explotar….

Empieza a llover…me voy.

Anne

Día 214: Telas de araña Leeuwin

Labores Leeuwin

Debo reconocer que el mundo de las labores nunca ha formado parte de mis aficiones. No lo era cuando vivía en New Providence y mucho menos lo es ahora, cuando la simple carrera por la supervivencia elimina cualquier posibilidad de ocio no alimenticio.

En el suelo de la cabaña que adopté como propia, encontré varias labores que sin duda llevaban nombre de mujer, eran tareas delicadas hechas por manos avezadas y hambrientas. Piezas tan delicadas que resultaba milagroso que hubieran sobrevivido al paso del tiempo, a la lluvia, al sol y a los hongos bibliófagos  que hicieron de mis libros su gran última cena.

Hoy que sentido la necesidad de que mi tesoro textil viera la luz y sintiera el viento, que se convirtiera en una cometa fija, horadada, en una construcción no arácnida digna de una araña.

Desde Cabo Leeuwin,

Anne