Día 365: Leer… j’adore

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A veces no llegan botellas cargadas de comida a Cabo Leeuwin, en ocasiones recibo libros flotantes que han pactado con el demonio para evitar que el agua los destruya.

Libros que alimentan.
Comida que no pasa por el estómago.

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“No intento recordar las cosas que suceden en los libros. Lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar”
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Día 364: Viento sonoro

Campana de viento

Y por fin y de nuevo llega el viento, y como el viento hay que escucharlo además de sentirlo, decido construir un carillón.

Y uso conchas y guijarros que el mar ha ido vomitando sobre las arenas de Cabo Leeuwin, y les hago pequeños agujeros para pasar un sedal, y los voy colocando uno tras otro buscando el sonido más que la belleza.

Mi carillón espera la llegada del viento, con la misma ilusión que yo espero la llegada de las botellas de comida desde la otra punta del universo en movimiento.

Y es que en días como hoy, mi traductor de viento empieza a temblar, lo hace poco a poco, sin emitir sonidos, una vibración se va trasmitiendo por cada una de sus piezas hasta que por fin llega la música que me habla de otros mares, de otras islas, me habla de los pájaros que vuelan a su lado, me habla de perfumes de hogueras, me cuenta que el final del verano está a punto de llegar, que pronto vendrá la oscuridad y el frío y las costumbres sanas propias del otoño, del invierno y de la primavera.

Feliz viento🙂

Día 363: Otoño…acercándose

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Es una sensación rara,  un pálpito, es como empezar a notar un mínimo cambio imperceptible para casi todos.

El calendario diría que falta un mes, el centro de nuestro sistema solar lo confirmaría, la temperatura del agua sería el colofón final.

Estamos en verano pero este guerrero de fuego se está batiendo en retirada.

Lo sé.
Lo noto.
Se acerca el otoño y sé que este año será una estación extraña.

Día 362: Fuego y sardinas

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Fuego y sardinas, una pareja de lujo que pronto va a convertir mi día en una epifanía gastronómica.

Me gusta hacer fuego pero solo por la noche. Me gusta hacerlo sobre la arena pero no en la cueva, ni dentro de la cabaña de verano. Me gustaría tener cerillas pero no tengo ni una. Tampoco dispongo de un mechero. Da igual, sería más cómodo pero a estas alturas puedo hacer fuego con la velocidad de un rayo.

El olor. Un olor a comida. El particular olor de la sardina cuando se desembaraza de su grasa, y adquiere un color que sabe a fuego y mar.

Os dejo.
El placer me espera.

Anne

Día 360: Astillero Leeuwin

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Siempre me ha gustado la madera, un elemento de la naturaleza tan robusto y al mismo tiempo tan débil como la hoja de una morera en manos de un gusano de seda.

El verano me lleva a acometer tareas que el resto del año quedan relegadas en el territorio de la procrastinación, pero que de repente afloran de la nada y en ese momento sabes que tienes que hacerlo.

Mi yo y ahora es el tratamiento de la madera de mi barca, de aquella que he empezado un millón de veces y que siempre he encontrado excusas para no terminar.

It’s time to move.